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Cuando creía que ya lo había leído todo sobre obesofobia y fat-shaming (burlarse de personas con cuerpo grande) Esther de @foodmoodandtips me envía el vídeo del presentador estadounidense Bill Maher. El mes pasado, en su programa nocturno de máxima audiencia en TV, dedicó su monólogo a ridiculizar a los obesos, entre carcajadas del público y los contertulios. Puedes ver el vídeo aquí.

Aseguraba que no solo enfermedades como el cáncer o las propias del sistema inmunitario son causadas por la obesidad, sino también la virginidad. (Risas del público) También las personas gordas son las responsables de los incendios del Amazonas, ya que los indígenas queman las selvas para cultivar cereales con los que alimentar al ganado que se convertirá en grasientas hamburguesas. (Risas del público)

Lamentablemente, ni siquiera se trataba de un monólogo de humor. Exponía que los políticos proponen medidas para paliar la epidemia de obesidad en EEUU, cuando en realidad no es un problema entre el gordo y los políticos, sino entre el gordo y la camarera.

Avergonzarlos es el primer paso para lograr que cambien. Funcionó con el racismo o con los cinturones de seguridad. Hagamos lo mismo con los gordos”.

Dar permiso públicamente para avergonzar a las personas con kilos de más me parece un despropósito. Como si hubiese poco acoso por esta razón, solo faltaba legitimar el fat-shaming.

¿Qué será lo próximo, ponernos una identificación en la ropa y mandarnos a campos de exterminio?

Es el equivalente a decir que el bullying puede erradicarse acosando más a las víctimas, porque así se harán más fuertes ante sus agresores. ¿Acaso esto tiene sentido?

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Cuando los pájaros disparan a las escopetas

Entiendo la preocupación de EEUU por soportar una de las tasas más altas de obesidad mundial. Aunque, precisamente por eso, deberían buscar soluciones eficaces y respetuosas que no denigren a la persona afectada.

Por ejemplo, que las autoridades dejen de ceder a la presión del lobby de la industria alimentaria y se tomen medidas contundentes de una vez.

Tengo 50 años y la normativa no me permite comprar una botella de vino después de las 10 de la noche. Sin embargo, se sigue permitiendo el uso de personajes infantiles como reclamo en los envases de productos ultra procesados, o se emiten anuncios de comida basura en horario televisivo infantil.

Del mismo modo que no requiere el mismo abordaje una persona con obesidad mórbida que otra con sobrepeso. Y el tremendismo del que hace gala el presentador corresponde a índices de masa corporal muy altos.

La discriminación y el acoso producen estrés, tristeza y vergüenza. Lo más probable es que la persona señalada compense esa emoción comiendo de más.

Las burlas aumentan cuando ven a una persona obesa realizando ejercicio. Para una persona que se siente insegura con su físico es el doble de difícil ponerse en ropa deportiva y el triple movilizar el exceso de peso. Y en vez de recibir reconocimiento, reciben comentarios hirientes.

La baja autoestima y el rechazo provocarán un aislamiento en esa persona, que cerrará el círculo de la alimentación emocional.

Todo ello sin entrar en factores fisiológicos que puedan ser los causantes del sobrepeso, como desarreglos hormonales o efectos secundarios de medicación, etc.

Por lo tanto, ridiculizar a las personas afectadas no solo no resuelve el problema, sino que lo agrava.

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Sobrepeso y salud

Se está demonizando cualquier tipo de sobrepeso. Cuando en realidad, el riesgo de presentar problemas de salud aumenta a medida que lo hace el IMC. Siendo este bajísimo en Obesidad de tipo I (IMC entre 30 y 34.9) e inexistente en el sobrepeso.

Además, para comprometer la salud, la obesidad debe estar combinada con la presencia de factores de riesgo como hipertensión, glucosa alta en sangre (Diabetes tipo 2) o triglicéridos o colesterol alto.

Todos estos factores se asocian directa y erróneamente con la obesidad, cuando en realidad suelen estar originados por malos hábitos como el sedentarismo o la mala alimentación.

Y es cierto que hay personas obesas que presentan sedentarismo y/o mala alimentación, pero no siempre es así.

Está demostrado que una persona mejora sus analíticas si aumenta su actividad física y se alimenta mejor, aunque no baje de peso. Por lo tanto, ¿es la obesidad la causante de todo?

En ningún caso estoy diciendo que la obesidad sea buena. Solo digo que se ha convertido en el cajón de sastre de la medicina para despachar un diagnóstico rápido. Si te duele la cabeza, adelgaza. Si te duele un pie, adelgaza. Si tienes psoriasis, adelgaza. Si te rebanas un dedo cortando cebolla, adelgaza.

Y no solo eso. También se ha convertido en la justificación para acosar a las personas con sobrepeso. La gordofobia o fat-shaming se escuda siempre en la preocupación por la salud de la persona obesa o por los costes que origina al sistema sanitario.

Que cada cual se ocupe de su salud. Las personas que critican no saben nada de los intentos de las personas gordas por mantenerse en normopeso. NADA.

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La presión por adelgazar

A todos nos preocupa la tasa de sobrepeso y obesidad. Pero parece que a pocos les importan las cifras de trastornos de la conducta alimentaria. Cada vez más casos y debutando a edades más tempranas.

Desde hace años, los trastornos de la conducta alimentaria son una de las enfermedades más frecuentes en adolescentes mujeres. ¿Cómo esperamos que la sociedad conozca este dato si los propios médicos no saben muy bien cómo abordar esta situación?

Los TCA pasan generalmente desapercibidos en las consultas de atención primaria.

El origen de los trastornos de la conducta alimentaria

Casi todos los trastornos de la conducta alimentaria comienzan con una dieta que se va de las manos. O bien la excesiva restricción acaba produciendo mayor compulsión por comer (bulimia y trastorno por atracón) o al sentir que nunca se adelgaza lo suficiente (anorexia).

Sabiendo esto, ¿tiene sentido presionar a las personas con sobrepeso a adelgazar?

Que les pregunten a los profesionales del equipo multidisciplinar de una unidad de TCA lo que cuesta sacar a una chica de su mentalidad de dieta, para que se permita comer de todo nuevamente con normalidad y pueda recuperarse de su trastorno de la conducta alimentaria. ¡No menos de 2 años de trabajo!

Y uno de los factores que dificulta ese cambio de mentalidad que le llevará a la recuperación es la presión social constante por la delgadez y la asociación obsesiva de sobrepeso con enfermedad.

Basta ya.

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