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Hoy me han enviado este artículo que explica la campaña de Orange para alertar a los padres de prácticas pro bulimia y pro anorexia en redes sociales. Más conocidas como Ana y Mía.

Llevo desde 2015 dando charlas para padres en colegios sobre prevención de trastornos de la conducta alimentaria. Cuando comencé a visitar centros escolares, las webs pro Ana y Mía ya no eran ninguna novedad, puesto que ya llevaban unos diez años funcionando. Por lo que me llenaba de tristeza ver que los padres de adolescentes que asistían a mis charlas no hubiesen oído hablar nunca de ellas.

Al igual que me sorprendía que me dijesen cosas como: “Mi hija tiene Instagram y sube muchas fotos, pero yo no sé muy bien qué es”.

La dejadez institucional

Nuestro gobierno no ha tomado medidas en todo este tiempo y esas webs se extendieron como las setas en temporada. Hemos recogido firmas y hemos tratado de concienciar y sensibilizar. Pero no se ha hecho nada de forma contundente para proteger a nuestros menores de esta información pública, gratuita e inmediata.

Durante un tiempo, hubo iniciativas bienintencionadas como la de Instagram. Si buscabas por el hashtag #ana o #mía te remitía a una pantalla donde te aconsejaba pedir ayuda a tu médico y no te mostraba ninguna imagen relacionada.

Ya da igual. Las redes sociales han canibalizado a las webs y foros. Ahora las “princesas”, es decir, las chicas que quieren ser anoréxicas o bulímicas, se reúnen en grupos de mensajería como Whatsapp. Y ahí es prácticamente imposible encontrarlas. Aunque siguen llegando a estos grupos a través de las redes sociales, donde no hay que rebuscar demasiado para encontrar enlaces de acceso para unirse.

ana mia anorexia bulimia

¿Qué pasa en estos grupos Ana y Mía?

En estos grupos se apoyan unas a otras, se animan cuando desfallecen. Y esto casi puede ser una ironía. ¿Sabes que una anoréxica puede tener la presión arterial tan baja que se desmaya con el simple vapor de la ducha?

En esos grupos circulan consejos y trucos inimaginables para engañar al hambre, a los padres, a los médicos… Cómo vomitar sin que se enteren los padres, dónde esconder la comida…

Compiten a ver cual es la más “gorda asquerosa” o “cerda despreciable”. Publican constantemente su peso, o su infrapeso, mejor dicho. Pero para ellas nunca es suficiente. Por lo que siguen compartiendo dietas de 200 o 300 kcal diarias. O, mejor aún, el ayuno absoluto. Toman Redbull o café para no desmayarse. Mastican hielo para engañar al hambre. Eso es Ana y Mía.

La red o comunidad

Quizá la parte más peligrosa es la que crea comunidad. Tratan de hacer ver que son una gran familia, que solo entre ellas se entienden, que el resto del mundo no respeta su forma de vivir.

En una etapa en que la que los adolescentes buscan su lugar entre los amigos y se alejan de la familia, estos grupos les hacen ver a sus propios padres como el enemigo. Les animan a ocultarles su proceso y a refugiarse en su grupo Ana o Mía, que son las únicas que las respetan y entienden.

Y así se va cerrando el círculo cada vez más.

Ellas cada vez más delgadas, más obsesionadas y más lejos de las personas que las aman y podrían ayudarlas.

¿Prohibimos los grupos pro bulimia y anorexia?

Sinceramente, no creo que prohibir o cerrar webs o grupos de whatsapp sea la solución. Antes o después, encontrarían la forma de reunirse o apoyarse. Lo que debemos hacer es cambiar esa mentalidad en nuestros niños y jóvenes.

Lo más probable es que estés asintiendo con la cabeza mientras me lees: “Sí, tiene razón”.

Pero, ¿de dónde sacan nuestras hijas estas ideas alocadas?

Pues de nosotras. Ni más ni menos.

Cada vez que tú haces dieta para adelgazar, tu hija entiende que es lo correcto.

Cada vez que criticas a alguien que ha engordado, ella siente que necesita estar delgada para obtener tu reconocimiento.

Cada vez que no quieres salir en una foto porque te ves gorda, o criticas lo mal que sales, tu hija aprende a esconder su cuerpo.

Cada vez que usas ropa que te “favorece” o “disimula” o le pides que haga lo mismo, entiende que hay partes de su cuerpo que debería mejorar.

Cada vez que te oye decir que “esto engorda” o seleccionar alimentos light o desnatados, entiende que esa es la forma correcta de elegir su alimentación.

Cada vez que valoras o desprecias a alguien por su físico, entiende que es la forma en la que tú y la sociedad la vais a valorar a ella.

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Necesitan amor y sentirse valiosas, no adelgazar

Nuestras hijas e hijos harán todo lo necesario para sentirse valiosos ante nosotros, para ser “queribles”, para ser aceptados por su grupo social. Y esta sociedad trata a las personas con kilos de más como apestados.

Les educamos en tolerancia ante la diversidad cultural, religiosa, sexual, étnica… Pero se rechazan más que nunca los cuerpos no normativos.

Y no, el movimiento curvy o gordibueno lo único que hace es mostrar mujeres con kilos de más, pero con curvas perfectas que siguen respondiendo al patrón estético impuesto.

Hay que desterrar la idea de alcanzar la delgadez a cualquier precio. Y este no es un pensamiento exclusivo de adolescentes. Casi toda la sociedad cree que delgadez equivale a salud y sobrepeso a enfermedad.

Nuestras hijas deben aprender a comer mejor, a hacer ejercicio e incorporar hábitos saludables. Pero, por encima de todo, tienen que saber que las amamos como son, que no necesitan parecerse a nadie. Necesitan recibir más reconocimientos por su actitud y menos críticas por su aspecto.

Amarlas como son, no como nos gustaría que fuesen. Ninguna dieta hace tanto bien como sentirse querida.

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