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Vaya vaya con 2021…


Ya dije en Instagram el otro día que me hacían mucha gracia esas personas que le hacían una peineta al 2020 como diciendo “Vale, lo peor ya ha pasado, el 2021 será mejor”.

Hasta a mi amiga Natalia, que compartió un vídeo super moñas en su Facebook, se lo dije. 

En ese vídeo, con musiquilla de esa que te pone la lágrima a punto de brotar, se lamentaban de todo lo que nos había robado el 2020. Pero aseguraban que en el 2021 nos íbamos a tomar la revancha e íbamos a viajar y abrazar a los nuestros todo lo que no habíamos podido el año pasado.

Oye, que igual estoy pecando de pesimista, pero ¿de verdad hay algo que haga creer a la gente que todo va a cambiar mágicamente de un día para otro?

Si estás en ese grupo, espero que gritases ¡¡Jumanji!! al sonar las 12 campanadas.

Me gustaría reconocer que estaba equivocada. Pero el asalto al Capitolio, la borrasca Filomena que ha traído guerras de bolas de nieve, accidentes y cierres de aulas, las vacunas que no se ponen, la tercera ola de covid (en Aragón es ya la 4ª), la población más dividida que nunca…

No sé… Muy bien no pinta, ¿eh? Y eso que no ha hecho nada más que empezar.

Jumanji

El poder de adaptarse al cambio



En mis libros de texto de Psicología aparece continuamente la palabra “adaptativo”. 

Se refiere a que mantenemos emociones, pensamientos, conductas y hasta reacciones fisiológicas desde nuestros ancestros porque nos han permitido sobrevivir y nos protegen.

Y como somos una creación perfecta, nuestro sistema hará todo lo posible para mantenernos con vida.

Para ello, hay una primera ley fundamental que es adaptarnos al ambiente.

Vivimos en un entorno en continuo cambio. Pasamos del frío al calor, del hambre a la plenitud, de la soledad a la muchedumbre, del silencio al ruido atronador…

¿Te imaginas cómo sería nuestra vida si no estuviésemos preparados para adaptarnos al cambio?

Directamente, no habría vida.

Ya dijo Darwin que no sobreviven las especies más inteligentes, sino las que mejor se adaptan al cambio.

El fin de lo que conocíamos como estabilidad


En fin, lo que te decía. Que la “estabilidad” que conocíamos se ha ido al garete. Y lo entrecomillo porque nunca hubo tal estabilidad, aunque así lo percibiésemos.

aclimatas

Ahora tienes dos opciones:

O te quedas en el grupo de los que se sientan a esperar que todo cambie mágicamente, que vuelva la vida y la sociedad tal y como la conocíamos y que de la mascarilla solo quede el vestido de Nochevieja de la Pedroche.

O te posicionas en el grupo de personas que asumen que el único cambio sobre el que tienen control es el interno. Y por ello están dispuestas a asumirlo.

Nos van a hacer falta muchos recursos para superar esta época, amiga. Recursos que hoy el 95% de la población no tiene.

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