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En este artículo te hablé de personas y lugares que nos llevan a comer sin control.

En aquella ocasión me refería a padres con los que la relación está sin sanar. Pero, aunque sea mucho más difícil reconocerlo, en ocasiones es la maternidad lo que nos desborda y hace que perdamos el control con la comida.

Puede que este sea uno de los temas más delicados de tratar. Allá por el 2013 solo tenía mi cuenta de Vivir para comer en la que conté mis 2 años de recuperación del trastorno por atracón.

Contaba todo lo que me producía impulso por comer y todo lo que intentaba para controlarlo. En muchísimas ocasiones, los conflictos con mis hijos fueron el detonante de mis atracones. Lo sabrás si has leído mi libro.

Cuando la maternidad te desborda

¿Estoy diciendo que mis hijos tuvieron la culpa de mis atracones? No. Lo que estoy diciendo es que se producían situaciones con ellos que me sobrepasaban. Al no tener herramientas que me permitiesen gestionar los conflictos propios de la maternidad, recurría a la comida.

Para mí era importante poner sobre la mesa y normalizar cualquier situación que desatase mi compulsión. Ya que la experiencia me estaba demostrando que muchas otras personas pasaban por las mismas situaciones.

Fui criticada en varias ocasiones por “hablar mal” de mis hijos. Pero fueron muchas más las veces que seguidoras me escribieron en privado para darme las gracias por decir en voz alta algo que ellas no podían decir.

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La maternidad hoy

Cada vez hay más mujeres hiperexigidas en nuestra sociedad. Hemos ocupado el mismo espacio que los hombres en el ámbito profesional, sin dejar de ocuparnos de las tareas en casa y la crianza de los hijos.

Hay parejas y padres que comparten estas cargas, pero en la mayoría de los casos, como mucho, ayudan. Y si solo ayudan, quiere decir que la mayor parte la lleva la mujer.

Educar es muy difícil, mucho. Nadie nos enseña a hacerlo ni se nos prepara para la maternidad. Ser madre es un proceso tan maravilloso como agotador. Y además hay que entender que no todas las maternidades son iguales.

Burnout o síndrome de la madre agotada

Por eso ya se habla del burnout o síndrome de agotamiento extremo. Y aunque cuando apareció este era un término que se refería al desgaste profesional, se hizo extensivo al agotamiento de las madres.

El agotamiento viene del plano físico. Por ejemplo, por la falta de sueño y descanso de calidad. Los fines de semana que se supone que son para descansar, la mayoría de las madres los dedican a comprar, limpiar y cocinar. ¿Cuándo descansa una madre? ¿Cuándo tiene tiempo para ella misma?

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También aparece agotamiento en el plano mental y emocional. Las presiones, tanto propias como ajenas por estar a la altura de lo que se espera de nosotras, por ser unas buenas madres o por sentirnos responsables de lo que consiguen o no nuestros hijos.

A esta presión se suman otras como la de estar siempre bonita y delgada, o la de demostrar profesionalmente nuestra valía, sobre todo si en tu entorno laboral estás rodeada de hombres.

Buenasmadres vs. malasmadres

El argumento habitual cuando las “madres perfectas” se permiten criticar a las madres que se reconocen desbordadas y agobiadas con la crianza es que ya sabían donde se metían. He leído muchos comentarios del tipo ¿Qué creías que era criar hijos?

Sinceramente, creo que ninguna de nosotras lo hemos sabido hasta que hemos sido madres.

La maternidad tiene momentos maravillosos que todas conocemos, pero otros muy amargos que somos incapaces de anticipar porque creemos que con amor todo se resuelve.

Vuelvo a lo que te decía hace un momento. Los padres solo cuentan lo bueno de sus hijos, pero no veo a nadie contar la parte negativa de su maternidad fuera de mis sesiones de coaching. Si todas fuésemos capaces de hablar con naturalidad de un problema que nos afecta a todas en algún momento, podríamos vivirlo sin culpa, tendríamos herramientas para gestionar estas crisis y hasta podríamos apoyarnos en otras mujeres.

Que ahora nos llenamos la boca hablando de sororidad, pero sigo viendo a muchas mujeres hacer continuo alarde de perfección y sin ninguna empatía hacia las personas que son como ellas.

No hay dos maternidades iguales

Si tu maternidad es maravillosa, enhorabuena. No sabes la suerte que tienes. Pero entiende que no todas las mujeres lo viven igual.

Al igual que hay mujeres cuyo matrimonio ha sido fabuloso y otras que hemos acabado en divorcio.

Si la maternidad solo desbordase a unas pocas mujeres, iniciativas como la comunidad de Malasmadres no habría tenido un éxito tan rotundo. 350.000 seguidoras en Facebook, por ejemplo.

Es un espacio donde las madres saturadas pueden expresar su opinión sin miedo a ser juzgadas. Donde escuchan mensajes que ellas piensan pero no se atreven a verbalizar. Donde se sienten comprendidas.

Que te queme la maternidad no quiere decir que no quieras a tus hijos. Hablo con muchas mujeres, algunas con graves problemas con sus hijos, y jamás he oído decir a una de ellas que no los ama.

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Conozco tres tipos de maternidad:

  • Hay mujeres que ser madre ha dado sentido a su vida. Sus hijos les proporcionan felicidad máxima y están contentas con su maternidad. Todo perfecto.
  • Otras mujeres tienen una maternidad sin grandes problemas, pero reconocen que si pudiesen volver atrás, no serían madres. Han entendido que criar hijos significa casi siempre renunciar a tu carrera profesional, a tu libertad y a cuidarte como persona y como mujer. Dejar de pensar en ti misma para pensar solamente en esos seres que dependen de ti. Honestamente, no les compensa.
  • Y el tercer grupo de mujeres son madres de hijos con problemas que producen sufrimiento: Enfermedades importantes, alteraciones de conducta que dificultan la convivencia o trastornos mentales o de personalidad.

La alimentación emocional, válvula de escape

Sabiendo esto es bastante entendible que cuando la maternidad nos sobrepasa nos refugiemos en la comida, a falta de una herramienta mejor.

Por ejemplo, a muchas madres nos supone un momento complicado cuando nuestros hijos están de vacaciones varios días sin ir al colegio. Ellos se aburren, los roces aumentan, nuestra paciencia se agota, estamos cansadas…

¿Quién no ha sentido el deseo de desaparecer en un momento así? He oído a muchas madres decir “Mira, me voy a ir de casa, los voy a dejar solos y que se apañen, porque yo no puedo más”. Y yo he pensado lo mismo, muchas veces.

Al final, recurrimos a la comida porque es una forma de decir “A hacer puñetas todo” sin que nadie sufra las consecuencias y sin exponer a tu familia a peligros como dejarlos solos en casa, por ejemplo.

Así que sí, la maternidad también nos supera a veces y hace que comamos de forma emocional.

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Si la maternidad te desborda

Que sea entendible no significa que seguir usando la comida como compensación sea adecuado.

Una vez que identifiques que esta situación te desborda, debes buscar soluciones que te ayuden a estar mejor. Por ejemplo:

Delega: Tu pareja y los propios hijos pueden asumir responsabilidades. Ni puedes ni tienes por qué hacer todo tú.

Relativiza: Ellos no lo harán tan bien como tú. No importa. Deja que aprendan. De verdad es tan importante que la cama esté hecha como a ti te gusta?

Involucra: Crea tribu en tu entorno. Los amigos y familia pueden quedarse con tus hijos una noche o un fin de semana para que tú salgas con tu pareja o tus amigas.

Encuentra tiempo para ti: Si tú no estás bien, tu familia no estará bien. Si te dejas siempre para lo último te estás equivocando. Eres cabeza y soporte de la unidad familiar. Eres la persona que más debe cuidarse.

Suelta culpas: Nada de sentirse culpable por no llegar a todo. No eres Superwoman, ni falta que hace. Nadie te está pidiendo que lo seas. Así que relájate.

Cuando la maternidad te desborda. Trastorno por atracón.
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