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Desde hace un tiempo, vengo leyendo testimonios de madres arrepentidas. Esto me hace cuestionarme qué hay detrás de la maternidad en nuestra sociedad.

Las críticas y juicios de otras madres. ¿No éramos tribu?

Hace unos días, publiqué en mi página de Facebook este artículo. En él, una mujer mostraba lo estropeada que había quedado su barriga, bastante tiempo después de dar a luz a su bebé. Lo puse como ejemplo de mujeres que se arriesgan mostrando una imagen real. ¿Se arriesgan a qué? ¿Cuál es el problema de que una mujer muestre los efectos del embarazo en su cuerpo? Pues, fundamentalmente, los despiadados comentarios de otras madres.

En la página de Facebook de Difundir se pueden leer comentarios femeninos como: “Pero ¿qué ha parido, un mamut? Yo tuve 3 hijos y tengo la tripa perfecta” o “Eso es porque no se cuidó en el embarazo. Si se hubiese dado cremas y se hubiese puesto faja, ahora estaría bien”.

Afortunadamente, también había algún comentario de madres que aseguraban haberse fajado. A pesar de haber invertido una fortuna en las mejores cremas del mercado, sus barrigas muestran un aspecto parecido. Tendemos a pensar que cuando a nosotras nos ha ido bien algo en la vida, si a otro le ha ido mal es por culpa suya: “Algo habrá hecho mal”.

La educación de los padres

Soy asidua lectora de los artículos del juez de menores Don Emilio Calatayud. Cuando habla de los problemas con los niños y jóvenes de ahora, siempre abundan los comentarios de padres perfectos. Aseguran que sus hijos “les han salido bien” porque dedicaron tiempo y esfuerzo a estar pendientes de ellos. Añaden que hay muchos padres que no se ocupan de sus hijos y luego se lamentan de cómo les salen.

No digo que no haya padres negligentes, al igual que hay mujeres que no se aplican cremas anti estrías en su embarazo. Alguna vez comento las publicaciones del juez, diciendo que también hay buenos padres y familias normalizadas, en las que hay hijos problemáticos. No siempre se puede culpar a los padres. Suele caerme una buena retahíla de “me gusta” e incluso comentarios de padres dando las gracias. “Encima  de lo que sufrimos, nos hacen sentir culpables”, añaden.

Creo que no estaría mal que hiciésemos un honesto ejercicio de auto crítica: Ni somos perfectos como padres, ni somos quién para juzgar a nadie.

Tengo una piel finísima y preciosa, herencia de mi madre. Jamás he usado cremas de rostro, ni corporales, ni siquiera una hidratante tras la ducha y tengo casi 49 años. Hasta que se comercializaron las toallitas desmaquillantes, usaba jabón de manos y agua corriente y una toalla. No suelo usar maquillaje de base porque, aunque tengo imperfecciones y manchas de edad, no siento la necesidad de ocultarlas. La única limpieza de cutis de mi vida me la hicieron para mi boda, hace 20 años. Y sí, reconozco que tengo muchísima suerte al tener una piel privilegiada que, sin cuidados, luce perfecta. Pero no sería muy justo pensar que las mujeres cuya piel necesita más cuidados o no luce bien es culpa suya porque están haciendo algo mal.

Madres arrepentidas, madres imperfectas

Cuando compartí el artículo de esta mujer, añadí: “Creo que nuestra sociedad necesita mujeres honestas y valientes como ella que nos muestren que la maternidad no es el camino de rosas que nos hacen creer. Habrá quien su vientre quede como el de Alexandra, otras que quede perfecto. Mujeres que su maternidad les hace sentir realizadas y otras que se arrepienten de la decisión tomada. Como en todo, hay luces y sombras. Y debemos conocerlas. Todo mi agradecimiento a las que se muestran “imperfectas” para que muchas mujeres puedan liberarse de la culpa de no ser como se espera de ellas.”

Madres que hablan alto y claro

Mi amiga Sandra dejó un comentario que recibió muchos “me gusta”y “me encanta”, así como comentarios dándole las gracias. Con su permiso, lo comparto aquí:

“La maternidad tiene un lado bien oscuro, sí. Te venden la maternidad con bebés tiernos, vestidos de algodón, sonrisas blancas que reflejan salud, etc. Nadie te dice que la maternidad puede conllevar la anulación del YO (muy bien vista por la sociedad, por cierto, la mejor madre es la que lo da todo por sus hijos hasta anularse). Pasas a ser fuente de alimento de seres egoístas, que te responsabiliza de educar, cuando no tienes ni idea, a seres que después influirán en la sociedad y en nuestra propia vida. Nadie te dice que te verás y TE VERÁN responsable de lo sean y donde lleguen esos hijos. No te advierten que esas sonrisas pueden quedar estériles por una enfermedad.

Si alguien quiere ser madre le aconsejo lo siguiente: No vayas al parque por la tarde a ver peques correteando con el bocata de Nocilla. Ve al botellón de la ribera, y dime si quieres eso. Esa también es una realidad. Si decides ser madre, prepárate para el fracaso, es un trago amargo. Prepárate para saber que has dado lo mejor de ti para nada. Tiempo, esfuerzo capacidades, etc. Ser madre no es ser madre de un bebé. Ser madre es serlo de un adolescente, de un adulto y de sus problemas. Si estás dispuesto a eso… adelante. Y, por favor, fórmate un poquito, menos revistas de Ser padres y más de otras cosas.

Para mí la maternidad ha sido una desilusión. Los quiero más que a nadie en el mundo, sólo ellos podrían quitarme el sueño y lo hacen. Hago y seguiría haciendo lo que sea por ellos. Pero con la mano en el corazón os digo que me viene grande. Porque no hay cosa que más me frustre y desilusione que esforzarme mucho y que los resultados no estén acorde.
En su defensa he decir que no son hijos problemáticos, ¿eh? . Pobretes… pero un camino de rosas no es.”

“Madres arrepentidas”, el libro de Orna Donath

Recordé que hace tiempo leí el libro “Madres arrepentidas. Una mirada radical a la maternidad y sus falacias” de Orna Donath. Varias mujeres me pidieron que diese mi opinión tras leerlo y al final no lo hice. El libro es un estudio que recoge el testimonio de 23 madres que se arrepienten de haberlo sido. Reconocen que aman a sus hijos por encima de todo, pero el proceso de la maternidad no fue lo que esperaban.

Cuando se publicó el libro en 2016 causó un gran revuelo, como seguramente causará este artículo. Muchas madres se llevaron las manos a la cabeza y pusieron el grito en el cielo. ¿Cómo una madre podía decir algo así? La autora, muy sorprendida, se extrañaba de esa reacción tan visceral. No entendía cómo, en vez de insultar a esas madres, los lectores no hacían un ejercicio de reflexión: ¿Qué concepto de maternidad se nos está vendiendo socialmente para que haya madres que se arrepienten de serlo?

Samanta Villar se suma a las madres arrepentidas

La periodista Samanta Villar reflejó una sensación parecida en su libro “Madre hay más que una”. En la mayoría de comentarios de otras madres que leí en redes sociales sólo les faltaba arrancarle la piel a tiras. Reconozco que no he leído su libro, pero me parecen bastante coherentes y honestas las frases que dijo en alguna entrevista: «Yo no soy más feliz ahora de lo que era antes», «Tener hijos es perder calidad de vida, aunque hay momentos que dices: son preciosos. Una cosa no quita la otra», «Nadie te cuenta lo que es en realidad la maternidad, tomas una decisión engañada», «Yo a mis hijos los adoro, pero hubiese sido mejor tía que madre» o «Abandonemos ya esta idea de que la maternidad es el último escalón en la pirámide de felicidad de una mujer».

“Que se lo hubiese pensado antes, un niño no es un muñeco, que apechugue con ello” es uno de los reproches más habituales a estas madres. Pero, digo yo, ¿acaso saben cuánto se lo pensaron esas madres? Quizá esas madres lo son gracias a la reproducción asistida o a la adopción y así de grande era su deseo de ser madres, o de lo que creían que era ser madres.

¿Maternidad idealizada?

Socialmente se nos empuja a la maternidad. Se sigue viendo a la mujer incompleta si no forma un hogar tradicional con marido e hijos. Se nos presiona indefinidamente con el ¿Cuándo vais a por el niño? o ¿Es que no puedes tener? Logran hacerte sentir vacía o inútil si no cumples el rol que la sociedad espera de ti.

Si una mujer no tiene hijos, se la juzgará por ello. Si los tiene, se la juzgará por el modo en que cría y educa. Lo peor es que son el resto de madres, las que deberían apoyar y formar tribu, las que critican y juzgan sin piedad. Son las que creen tener bajo el brazo el manual perfecto de crianza.

Quizá ellas no se han enfrentado a enfermedades físicas o mentales de sus hijos, a la depresión post parto. Es probable que desconozcan el Síndrome Alcohólico Fetal o los problemas de apego y autoestima que sufren niños adoptados. No habrán tenido un bebé de alta demanda, quizá no les tocaron hijos que sufren bullying u otros abusos durante años. No se han expuesto a situaciones que les hagan dudar de su preparación como  madre. Quizás no les tocó asumir la maternidad en soledad, o con falta de recursos económicos o emocionales. Sólo quizás.

¿Dónde está la tribu?

El día que las mujeres dejemos de criticarnos y comencemos a apoyarnos. Cuando dejemos de juzgar a las que no piensan como nosotras y tratemos de entenderlas. El día que escuchemos otras verdades y no las obliguemos a esconderse… Ese día, mujeres que aún no son madres podrán conocer una visión de la maternidad menos literaria. Será más dura y menos bonita, pero infinitamente más real.

Ese día, las mujeres podrán sopesar pros y contras y tomarán sin presiones la decisión de afrontar o no la maternidad. Y quizá, a pesar de todo, habrá quien tome la decisión equivocada. Y no pasará nada, porque tenemos derecho a equivocarnos y arrepentirnos. Ese día, las mujeres serán, seremos, un poco más libres. Que ese día llegue depende de todas nosotras. Será el día que entendamos que todas somos una. Ojalá entonces ya no haya madres arrepentidas.

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