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Hoy es 19 de noviembre y celebramos el día internacional de la mujer emprendedora. Fue establecido por la ONU en 2014 para dar visibilidad a las emprendedoras de todo el mundo, a partir de la propuesta de una profesional estadounidense.

La mujer emprendedora en España

Desconozco la situación del emprendimiento femenino en el resto del mundo. Pero en España, hay 9 mujeres emprendedoras por cada 10 hombres. En otros países europeos la cifra baja hasta 6 mujeres por cada 10 hombres.

¿Qué quiere decir esto? Que en nuestro país hay igualdad de emprendimiento y no hay distinción por sexo.

Publicaciones como 5 Días de El País aseguran que hay desigualdad con argumentos como “La diferencia también es sustancial entre las mujeres y hombres que poseen conocimientos y habilidades para emprender, en concreto, un 82,3% de las mujeres frente al 85% de los hombres.”

¿De verdad un 2’7% es una diferencia tan alarmante?

Sé que mi postura va en contra del movimiento que está tan de moda de reconocer todo lo que hacemos las mujeres. Es cierto que hago muchas cosas dignas de reconocimiento. Pero son, básicamente, las mismas que podríamos reconocer en otros hombres emprendedores.

Soy emprendedora desde 2015. Mi proyecto profesional da sentido a mi vida y me permite trabajar desde casa y cuidar de mis hijos al mismo tiempo. Me siento una privilegiada. Por contra, asumo inestabilidad, riesgos, preocupaciones, una enorme cantidad de horas y energía, que normalmente los trabajadores por cuenta ajena no deben asumir.

Es decir, lo que me parece reconocible es el hecho de ser emprendedor y crear tu propio puesto de trabajo, no el hecho de ser mujer emprendedora. Al menos en España, no es un mérito añadido.

Perdona, ¿que no puedo hacer qué?

Fíjate que creo que es más una cuestión de mentalidad que de sexo.

Mi madre ya fue emprendedora al mismo tiempo que sacaba sola a tres hijas adelante. Trabajaba desde casa, como yo.

De sus tres hijas, dos somos emprendedoras y la mayor ocupa un puesto de liderazgo en una multinacional.

Nunca he sentido que había algo que yo no pudiese hacer por ser mujer. Pero no solo por el ejemplo de mi madre o de mis hermanas mayores que, sin duda, son grandes referentes. Sino por la sociedad.

Nunca he pagado más por un curso o servicio que un hombre. Nunca me han rechazado una subvención o ayuda por ser mujer. Nunca he perdido un cliente por ser mujer.

Sí, es muy costoso criar a mis hijos sola al mismo tiempo que trabajo. Igual de costoso que le resulta a mi ex las semanas que los chicos están con él.

“Es que yo lo tengo más difícil”

No me gusta esta mentalidad del feminismo actual que nos presenta a las mujeres como criaturas desvalidas a las que hay que proteger y ayudar.

Me niego a aceptar una ayuda que no necesito. Si recibo una subvención quiero que sea porque mi proyecto es válido y responsable socialmente, no por haber nacido mujer.

Cuando hablé con mi abogada para pedirle que tramitase nuestro divorcio hace diez años, ella me preguntó: “Yolanda, ¿qué quieres que exijamos? Y yo le respondí: “Mira, yo quiero un trato justo. Tengo dos manos para trabajar igual que él”.

Cuando nos valemos de excusas como “Es que yo lo tengo más difícil por ser mujer (o por lo que sea)” estamos depositando la responsabilidad en el exterior y esperamos que sea el mundo quien nos ayude, o nos resuelva el problema.

Mientras que si crees que eres competente, válida, valiosa y capaz, no te quedas esperando que venga alguien a ayudarte. Simplemente, lo haces.

El viaje del héroe del emprendedor

Me parece mucho más interesante reivindicar en este día la dificultad de la mayoría de emprendedores en nuestro país.

Empezando por la mentalidad. Desde niños se nos programa para la seguridad: Búsqueda de un puesto fijo, a ser posible funcionario, casa con hipoteca… Nos educan para no salir jamás de nuestra zona de confort. Es necesaria una nueva mentalidad de emprendimiento.

Pero esa mentalidad debe ajustarse a la realidad y no resultar otra quimera edulcorada como tantas que nos venden. Ahora se anima a las personas a comenzar su proyecto empresarial con la promesa de que en menos de un año estarán facturando seis cifras, trabajando 4 horas a la semana con su portátil desde la playa. Falso. O quizá algunos lo consiguen, pero no es lo habitual.

La disciplina, constancia y perseverancia deben ser rasgos de personalidad de toda persona que quiera emprender. En el camino surgen muchas dificultades, hay que ser resistente a la frustración y saber sobreponerse al desánimo. Debemos ser planificadores y comprometidos. La proactividad y apertura mental es fundamental. No basta con saber de tu profesión, deberás formarte en un montón de competencias añadidas. Y, sobre todo, necesitas un ingrediente fundamental: La pasión.

La mayoría de emprendedores digitales trabajamos desde casa y muchas horas. Esto nos resta socialización, algo que también debemos tener en cuenta. La soledad del emprendimiento a veces pasa factura.

Si tienes un sueño, eres apasionada y te sientes capaz de lidiar con todo lo anterior… ¡Bienvenida a la aventura!

Por cierto, últimamente varias personas me han pedido que les ayude con su proyecto en Internet y les explique cómo monté mi negocio desde cero trabajando desde casa. Si quieres que te ayude a crecer en la parte online de tu emprendimiento escríbeme AQUÍ.

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