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Hoy, 8 de marzo, celebramos el Día internacional de la mujer. ¡Felicidades!

Orígenes del Día Internacional de la mujer

El 28 de febrero de 1909, en EEUU, se celebró por primera vez en el mundo el día de la mujer.
Este día fue instaurado gracias a la marcha de 15.000 mujeres en Nueva York un  año antes, exigiendo menos horas de trabajo, mejores salarios y derecho a voto.

Antes de eso, en 1848, se celebró la primera convención nacional por los derechos de las mujeres en Estados Unidos, organizado por Elizabeth Cady Stanton y Lucretia Mott. En dicho evento reclamaban derechos sociales, religiosos, políticos y civiles para las mujeres, al que se sumaron cientos de personas. El feminismo había comenzado.

Hasta ese momento, las mujeres occidentales tenían una vida llena de limitaciones: Ni derecho a voto, ni a manejar sus propias cuentas, ni formación. Y con una esperanza de vida mucho menor que la masculina por los partos y los malos tratos.

A partir de entonces, las mujeres han realizado una carrera histórica hasta conseguir los derechos y libertades que disfrutamos ahora y que nos permiten ser igual que los hombres.

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Fui criada por una feminista de 1940

Quizá no estés de acuerdo con esto, porque hoy se nos insiste en lo contrario. Aunque yo tengo 51 años y nunca he sentido que tuviese menos oportunidades o derechos que un hombre. Quizá porque me crió una mujer que me hizo creer que así era y me lo demostró con su ejemplo.

Mi madre se sacó el carnet de conducir cuando las mujeres en España no conducían. Recuerdo cuando lo obtuvo y mi padre llegó a casa: “Luis, enséñame a cambiar una rueda porque si pincho en carretera no quiero parar a ningún hombre para que me la cambie”.

Y no tuvo que ser fácil. Recuerdo cómo nos llevaba a las tres hijas en el Renault 12 de la familia y algún hombre le gritaba “¡Rubia, más te valdría quedarte en casa fregando!”.

Le hubiese encantado ser médico o enfermera. De vivir ahora, se pasaría el día viendo operaciones quirúrgicas en Youtube. Pero la vida no la acompañó tanto y no tuvo la oportunidad de estudiar. Su madre murió siendo ella muy joven, y a ella y a sus 6 hermanos les tocó madurar muy pronto.

Siempre decía “Os voy a educar para que no dependáis nunca de nadie. Y menos de un hombre”. Y lo hizo, vaya que si lo hizo.

Además, el 8 de marzo era su cumpleaños y yo siempre dije que no era casualidad. Te hablé más de ella en este artículo.

El miedo como medida de sometimiento social

No creas que el privilegio de haber sido educada por una mujer como ella me nubla la empatía hacia otras mujeres menos afortunadas. Lo que ocurre es que hay una corriente actualmente que no comparto y que tiende a victimizar a la mujer. Es de primero de manipulación crear un miedo al sujeto para luego venderle la protección ante este.

Estamos de acuerdo en que hay muchas garantías aún que sostener, como que una mujer pueda volver sola a su casa sin miedo. Y esto no está sucediendo. Yo también tengo miedo, todas lo hemos tenido. No siento miedo especialmente ante una agresión sexual, sino a un atraco, mismamente. A cualquier situación que se presta ante la situación de vulnerabilidad de una persona sola de noche.

El problema es que las campañas mediáticas se lanzan contra los hombres. Y las personas que violan no lo son por el hecho de ser hombres, sino por el hecho de ser malas personas, delincuentes o enfermos mentales. No todos los hombres son violadores.

En un estado de derecho no podemos obviar la presunción de inocencia y permitir que la palabra de una mujer valga más que la de un hombre. Y menos tampoco, por supuesto.

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¿Sigue el feminismo actual un enfoque correcto?

En mi opinión, el feminismo debe ser empatía y cooperación, no una lucha de sexos.

No seamos estúpidos, nos necesitamos. Un sexo no puede sobrevivir sin el otro, nos guste o no. Partiendo de esta premisa tan básica y elemental, podemos sentarnos a negociar.

Es frecuente que yo tome vino los fines de semana y mi pareja pida un café. Nunca nos lo han servido al revés. Pero, aunque así fuese, no me molestaría.

Si yo pido un vino y se lo sirven a él, no quiere decir que beber sea exclusivo de hombres. Pero las estadísticas arrojan que los hombres beben el doble que las mujeres. Por lo tanto, no es tan descabellado que sirvan el vino al hombre.

Creo que es el claro ejemplo de buscar situaciones ante las que molestarte porque realmente no hay nada que te pueda molestar.

Aquí sí hace falta el feminismo

En cambio, hay cosas que sí que me indignan. Me indigna profundamente que en otros países las mujeres sean encarceladas por mostrar su cabello en público, o por publicar un vídeo en Instagram bailando. Me indigna que haya países donde, ante un divorcio, los hijos son automáticamente para el padre y depende de la buena voluntad de este que la madre pueda verlos.

O que, tras años de matrimonio, si logra divorciarse, lo único a lo que tenga derecho sea la dote que aportó su familia para la boda. Me indigna que sigan cortando el clítoris a las niñas para que no sientan placer sexual. Me indigna que exista la trata de blancas, donde mujeres y niñas son esclavizadas sexualmente.

Me indigna que se permita el matrimonio de hombres adultos con niñas pequeñas. Y se me hiela la sangre cada vez que leo que un hombre de 40 años ha desgarrado y desangrado en la noche de bodas a una niña de 8 hasta morir.

El feminismo debe seguir más vivo que nunca, pero creo que estamos matando moscas a cañonazos. No digo que no debamos seguir reivindicando flecos pendientes, digo que no vivimos oprimidas, ni nos faltan derechos como algunos pretenden hacernos creer.

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De mujer a discapacitada

Como mujer, me parece insultante que se baje la note de corte a las mujeres en el acceso universitario a carreras predominantemente femeninas. Muchas de las medidas que se están promoviendo nos victimizan, nos debilitan, nos muestran como a seres inferiores o discapacitados a los que hay que proteger. La discriminación positiva sigue siendo discriminación.

Siempre había pensado que el feminismo era decir: “Tengo los mismos derechos que tú y, por lo tanto, asumo las mismas obligaciones”. Si quiero el sueldo de un bombero tendré que hacer lo mismo que un bombero, no reclamar el mismo sueldo para un trabajo de administrativa.

Hablan de ámbitos predominantemente masculinos, de techos de cristal. En la vida hay que elegir. Los puestos de liderazgo no son compatibles con bajas maternales, periodos de lactancia y demás, nos guste o no. No puede venir el cliente de Japón a cerrar un trato millonario y tú quedarte en casa ese día porque el niño tiene sarampión.

Elección dentro de la pareja

En mi opinión, cuando una pareja decide ser padres, también debe pensar quién es más fuerte profesionalmente para sostener el hogar y quién puede asumir en mayor medida la crianza de tus hijos. Y con eso decidir y asumir responsabilidades y renuncias. Cuando fui madre dejé de trabajar 3 años para atender a mis hijos. Hoy no sé si lo haría.

Son muchas las mujeres que dejan el trabajo para cuidar a sus hijos y cuando pretenden incorporarse de nuevo se dan cuenta de que el mundo ha avanzado sin ellas. Tienen que reciclarse o están totalmente fuera del sistema. Pero su elección fue criar a sus hijos, algunas hasta los 18 años. Quizá después de esa etapa les gustaría seguir viajando por todo el mundo para su antigua empresa, pero a cambio ha disfrutado todos los festivales del colegio de sus hijos. ¿Su pareja puede decir lo mismo?

A toda mujer trabajadora nos ha tocado alguna vez ir a trabajar con el corazón encogido porque nuestro hijo se quedaba enfermo y al cuidado de otra persona. Lo que no es coherente es querer disfrutar de los mejores años de tus hijos y luego pretender regresar al mundo laboral como si este se hubiese congelado esperando tu vuelta. Elegir siempre supone quedarte con una opción y renunciar a la otra.

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La responsabilidad, ¿adentro o afuera?

Desde el enfoque del coaching, las quejas, el victimismo, depositar la responsabilidad fuera (en el sistema, los jueces, los hombres, en este caso) nos pone en posición victimista y nos envuelve en la queja y en la frustración, en la sensación de que no podemos hacer nada.

Pero los cambios van de adentro a afuera. Si quieres respeto, exígelo. Si quieres un buen puesto de trabajo, fórmate y pelea por él. Si quieres los derechos de un hombre, asume las mismas obligaciones.

Y no, el 8 de marzo nunca hago huelga, ni asisto a las manifestaciones. Porque mi aportación a lo que yo llamo feminismo es decirles a las mujeres: “Si quieres algo, ve a por ello. Eres capaz, no necesitas ayudas, ni cuotas, ni paridad, sin subvenciones. Porque eso supondría aceptar que eres inferior a ellos. Demuestra que puedes”. Y lo digo de palabra y con mi ejemplo.

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