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8 pasos para comer sin ansiedad

Clase online 8 mayo, 19 h

Uno de los aspectos de la alimentación emocional que debes gestionar si quieres dejar de depender de la comida es dejar de ver la comida como premio.

Usamos la comida como compensación a una sensación o emoción que nos incomoda. Comemos si estamos tristes, enfadados, nerviosos, preocupados, cansados…

Incluso si estamos eufóricos o excitados, porque son sensaciones que nos sacan igualmente de nuestra zona de confort emocional, no es esa serenidad en la que nos sentimos cómodos.

Me merezco un dulce

Una expresión que acompaña con frecuencia a una ingesta emocional es: “Me merezco un dulce”. Las razones pueden ser varias: Porque he tenido un duro día de trabajo, porque he estudiado todo lo que me había propuesto, porque me han contado que mi novio tontea con otra, porque le han dado el ascenso a mi compañera la arpía…” Por lo que sea.

Aprendimos a hacerlo de pequeños cada vez que nos daban un caramelo por portarnos bien en el médico, o helado de postre si nos lo comíamos todo.

No hay nada mal en nosotros, sólo hemos repetido durante toda la vida lo que nos enseñaron de pequeños. Y si nos lo enseñaron nuestros adultos, es lógico pensar que es lo correcto, ¿no?

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Realmente, este condicionamiento operante es el mismo que se utiliza en la técnica de adiestramiento de perros. Yo misma entrené a mis perros hace muchos años premiándolos con galletas cada vez que hacían lo que yo quería enseñarles.

Así que piensa ¿eres un perro? Si la respuesta es No, deja de premiarte con comida.

Otras fuentes de placer

Las personas somos capaces de obtener otras muchas fuentes de placer y recompensa más allá de la comida. Sólo tienes que encontrar las tuyas y empezar a usarlas. Llegará un día en que, por repetición, desplazarán a la comida.

Pero también es cierto que la comida tiene un componente placentero innegable. Tanto por la palatabilidad de los alimentos como por la experiencia que suele acompañarla. De hecho, vivimos en una cultura en la que casi todo se celebra comiendo. Nos resulta extraño salir una tarde con amigos sin acabar picando algo.

Entonces ¿no me puedo regalar una cena?

Un día, una alumna me comentó que lo que más ilusión le hacía como recompensa al alcanzar sus objetivos semanales era irse a cenar con su pareja a un restaurante que les encanta a los dos. Y claro, le surgió la duda de si esta esa una recompensa adecuada porque yo siempre digo que no hay que premiarse con comida.

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En casos así hay que puntualizar. No es lo mismo una cena planificada, en buena compañía, en un restaurante que te agrada, pedir tu plato favorito y disfrutarlo mientras charlas distendida con tu pareja. Es que eso es un regalazo y un montón de sensaciones agradables juntas.

Lo que no me vale es el “Como he tenido un día de mil demonios, me merezco un dulce, así que paro en una gasolinera, me compro un paquete de donuts y me los como en el coche mientras conduzco de vuelta a casa”. No, eso es lo que no quiero para ti. Eso es una ingesta con pérdida de control y te vas a arrepentir en cuanto acabes el paquete.

Por eso, la comida no siempre es mala y la comida también es placer y está bien.

También por ese motivo es importante no sólo lo que comes, sino dónde, cómo y con quién.

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La comida como premio

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