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Un comentario que me hacen con frecuencia mis seguidoras es que no quieren que nadie conozca su problema con la comida. O bien que quieren contarlo, pero no saben cómo hacerlo.

Una vez más, estamos proyectando nuestros pensamientos sobre los demás. Es la misma situación que cuando me contáis que no queréis ir a la playa con los amigos porque os da vergüenza que vean que habéis engordado. Y luego, cuando por fin os decidís a ir, me decís que cada uno estuvo a lo suyo, que nadie os miró mal, ni comentaron nada.

Si te fijas, esos miedos que paralizan no son buenos, porque están haciendo que te pierdas experiencias positivas de la vida. Y eso es justo lo último que quiero para ti. Porque yo quiero que tengas una vida plena y que seas feliz.

Puedo asegurarte que cuando abrí Vivir para comer en 2013 estaba convencida de que todo el mundo iba a chismorrear y a burlarse de mí al confesar públicamente mi problema con la comida. Pero ¿sabes qué? 6 años después puedo decirte que no he recibido ni un solo comentario negativo. Al contrario, todo han sido reconocimientos a mi valentía y al trabajo que hago.

Normalizar lo que nos ocurre

Hay otras situaciones que penalizamos porque no hemos normalizado, como la candidiasis de la que te hablaba en este artículo. Nadie va contando por ahí que tiene una infección vaginal, pero es un proceso bastante frecuente.

Lo mismo sucedió cuando me mandó pastillas el psiquiatra en 2014 y le di 5 semanas de prueba a la medicación. No solo lo publiqué en redes sociales, sino que a las personas que me encontraba por la calle y me preguntaban qué me pasaba, yo les decía que me habían diagnosticado depresión y que estaba tomando pastillas.

Y ¿sabes con qué me encontré? El 90% de las personas me confesaron que ellos también las estaban tomando o habían tomado medicación psiquiátrica en algún momento de su vida. De hecho, llegué a preguntarme si era la única persona del país que no estaba tomando medicación.

Pero fíjate que hasta que hasta que yo no les conté a esas personas que estaba tomando medicación, ellas nunca se habían atrevido a contarme que estaban igual. Así que creo que esa falta de normalización en nuestros problemas viene por una falta de confianza en nosotros mismos. Y por miedo al juicio y a la crítica.

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Todo el mundo tiene una válvula de escape emocional

Piensa que todo el mundo tiene una válvula de escape emocional. Tú comes y otras personas recurren al alcohol, al tabaco, a las drogas, al ejercicio excesivo, a las relaciones tóxicas… Todo el mundo tiene un parche para esas emociones que no sabe gestionar.

Eso no quiere decir que seas pero que otras personas, solo que cada uno tiene herramientas diferentes. Es más, la comida es uno de los recursos más habituales. Personas sin dependencia emocional de la comida y sin trastorno de la conducta alimentaria diagnosticado también recurren a la comida de forma puntual y es perfectamente normal.

Y esto es así porque tenemos un vínculo ancestral entre la comida y el amor. De esto te hablo más en este webinar grabado Ayuda a tu hijo a ser feliz. Y ese vínculo hace que la comida sea un recurso emocional fácil para cualquiera.

Recuerdo un mensaje privado de Facebook que me llegó hace años. Era de una madre para darme las gracias. Fue un mensaje precioso y muy emotivo. Me contaba que su hija adolescente la sentó delante de mi vídeo “Soy comedora compulsiva”, le hizo verlo y luego le dijo “Mamá, yo soy como Yolanda”.

Cuando me escribió, su hija ya había comenzado la recuperación y asistía a clases de yoga. La madre me escribió para darme las gracias por la valentía de publicar ese vídeo que había permitido a su hija pedir ayuda. De hecho, me consta que muchas más personas utilizaron este sistema para explicárselo a su familia.

Fundamentalmente, nos preocupan tres cosas:

1.- Que no nos entiendan.

Es curioso, las personas suelen entender a un fumador, pero no pueden entender un trastorno de la conducta alimentaria. Cuenta con ello. A no ser que también lo sufran, lo más probable es que no lo entiendan. pero, piénsalo, ¿en realidad necesitas que te entiendan?

Creo que lo más importante es que colaboren, si en algún momento necesitas de su ayuda. Por ejemplo, si durante un tiempo no puedes tener en casa los alimentos que te llevan irremediablemente al atracón, tendrás que compartirlo con ellos. Si vives en pareja o en familia y ellos los toman, mientras te recuperes necesitarás su compromiso de no tomarlos en casa. Y para ello necesitas comunicarles lo que te sucede.

En mi opinión, realmente, comunicarlo es darte permiso. No necesitas su respuesta. Es como perdonar. Lo haces por ti, para soltar eso que te angustia. Y te aseguro que es liberador. Porque mientras lo tengas oculto lo vas a vivir como algo de lo que debes avergonzarte. Tú no eres culpable de este problema. Es tu responsabilidad buscar una solución, pero no es tu culpa padecerlo.

¿Acaso ocultarías cualquier otra enfermedad? Considero que explicar en tu entorno próximo lo que te sucede es liberador y además dice mucho del punto de perdón a ti misma y autoaceptación en el que te encuentras. Aquello de lo que no hablamos es justo lo que más duele. Piénsalo.

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2.- Su reacción hacia ti.

Para esto también debes prepararte. Pueden reaccionar muy bien y mostrarse comprensivos brindándote su ayuda… O pueden reaccionar mal. Si su reacción es negativa puede ser porque creen que lo cuentas esperando que ellos te den la solución y eso les va a crear angustia. No solo les cae un jarro de agua fría, sino que creen que deben reaccionar inmediatamente haciendo algo para ayudarte.

Si lo más probable es que ni te entiendan, imagina la montaña que se les puede hacer en unos segundos pensando qué responderte. Piensa que el conflicto lo tienen con ellos mismos y con su falta de recursos, no contigo.

Así que tranquilízalos. Déjales claro que no necesitas que te solucionen nada, que solo querías compartirlo con ellos y que cuando necesites que hagan algo por ti, se lo dirás. Verás cómo cambia su reacción.

3.- La reacción hacia sí mismos.

Otra causa de reacción negativa puede ser la culpa. Su primera reacción puede que sea: ¿Cómo he podido no darme cuenta estando a su lado?

O, si la persona a quien se lo comunicas es tu padre o tu madre, automáticamente se van a sentir culpables. ¿Qué he hecho yo para que mi hija tenga esto? ¿Hice algo mal? ¿Qué le faltó?

Transmíteles calma, que no hay que depurar responsabilidades. Para tu recuperación no necesitas buscar culpables. Da igual lo que sucediese en el pasado, lo importante es que los necesitas a tu lado para recuperarte. Y se lo explicas precisamente porque son importantes para ti y cuentas con ellos.

Quizá la primera conversación les desborde. Déjales tiempo. Deja que piensen. Explícales que no necesitas nada de ellos en este momento. Ni ayuda, ni respuestas, solo que lo sepan.

Algo que puede preocuparte es que tus personas más cercanas, al saberlo, cambien tu concepto sobre ti, que te consideren menos valiosa o más débil. En definitiva lo ocultamos mientras sigamos necesitando de la aprobación ajena para sentirnos bien.

Llegó un momento en mi vida en que entendí que no necesito ser ni mostrarme fantástica. Soy así. Tengo muchas virtudes y muchas áreas de mejora. Y quien me quiera me tiene que querer así, con mis luces y mis sombras. Y si no, que no me quieran.

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