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Puede que sea la pregunta que más veces me han hecho desde que, hace muchos años, comencé a contar en redes sociales en mi blog Vivir para comer, mis intentos por recuperarme de mi dependencia emocional de la comida. El atracón es propio de trastornos de la conducta alimentaria, como bulimia, trastorno por atracón, síndrome del comedor compulsivo, o síndrome del comedor nocturno. Aunque casi todos recurrimos emocionalmente a la comida en algún momento, sin que haya una patología.

Lo que se siente durante un atracón de comida es imposible de imaginar si no lo has vivido en primera persona. Me hace gracia cuando algunas personas me dicen: “A mí también me gusta mucho comer”. ¡Qué curioso! Me atrevería a calificar un atracón de cualquier cosa, menos de un momento de placer.

Quizá sí los primeros segundos, las primeras sensaciones gustativas en nuestra boca al percibir el sabor, dulce generalmente. Pero el sentimiento de culpa y la pérdida de control se apoderan rápidamente de esa situación, desplazando al placer.

Esta culpa te introduce en una espiral de compulsión que te absorbe, cada vez más, y de la que te es imposible salir. La pérdida de control es devastadora. Me recuerda a un accidente que tuve, en el que mi coche giraba sin control. Sentí verdadera desesperación durante segundos por no poder hacer nada para manejar el automóvil.

¿Cómo manejar un atracón?

Puedes utilizar cualquier maniobra que distraiga tu atención: cambiar de actividad, leer, salir a pasear sin dinero, llamar a un amigo por teléfono… Pero lo cierto es que muy pocas de estas técnicas funcionan, según el nivel de compulsión por la comida que estés manejando en este momento.

Puedes encontrar la clave de todo está en esta frase: “La comida no es el problema. La comida es sólo el síntoma”. Y tú estás preocupada tratando de dejar de comer, sin entender que eso no resolverá tu problema, que es mucho más complejo.

Esto es algo difícil de hacer entender a los padres, cuando doy las charlas de prevención de trastornos de la conducta alimentaria en colegios. ¿Cómo de difícil crees que es para los padres de una chica con anorexia, olvidarse de lo que come o deja de comer su hija, cuando está en infrapeso? Sin embargo, obligarla a comer sólo empeorará el problema. “Hacedla sentir valiosa, amada incondicionalmente, reconoced sus méritos y habilidades, reforzad su autoestima… ayudadle a vencer todo lo que le hace rechazar la comida”

Quizá desde fuera se ve más fácil, pero nosotras hacemos exactamente lo mismo. Nuestra obsesión por la comida tiene un origen emocional (descartando adicción por ultraprocesados, etc). Trabajar nuestra regulación emocional, aprender a identificar nuestras emociones, aceptar sentirlas… Pero, pasado un tiempo, no permitir que condicionen nuestras respuestas, es fundamental. Es decir, tenemos que ser emocionalmente inteligentes. Si me sigues hace tiempo, sabrás que mi recuperación vino de la mano del coaching y la inteligencia emocional, no de las dietas.

Analiza el atracón

Sea antes, durante o después del atracón, hay que analizar. Siempre. ¿Por qué estoy comiendo sin control? ¿Qué ha pasado, qué he pensado, qué he sentido? ¿Tengo situaciones en mi vida que no está bien y me producen ruido? ¿Hay algo que me asusta, que me preocupa, que no soy capaz de enfrentar?

Hacer este análisis es doloroso. Lo sé. Lo hice cientos de veces hasta que logré recuperarme, pero te aseguro que no hay otro camino. Es como presentarte a un examen y esperar aprobar sin haber estudiado. Cada vez que se presenta la ansiedad por comer es una prueba, un examen. Hasta que no estés recuperada, la compulsión volverá, una y otra vez, a ponerte a prueba. Es fuerte, mucho, y es bastante ingenuo pretender derrotarla sin haberte preparado. El proceso de recuperación de un trastorno alimentario es una carrera de fondo que suele durar varios años, no es un sprint. Olvídate de recuperarte en un par de meses.

La comida no es el problema, deja de verla como el enemigo, porque no lo es. La comida sólo es alimento, un recurso para nutrirnos y estar sanos. La comemos cuando la necesitamos o por placer, pero no es bueno utilizarla como ansiolítico. No la uses para maquillar lo que no te gusta de tu vida.

Grabé este vídeo cuando tuve el accidente y estaba inmovilizada. Me fue imposible montar los focos y el trípode con la cámara, pero quise que al menos tuvieseis el audio para daros respuestas. Te animo a escucharlo.

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