Cuando alguien comparte frases motivadoras en redes sociales, del tipo: “Aprende a decir me quiero antes de decir te quiero”, “Aprende a decir que no” o “Aleja de tu vida todo aquello que no te hace feliz”, es muy frecuente que alguien comente: “Es que eso es muy difícil”. Sólo con esta frase, ya sea verbalizada o como parte de nuestro diálogo interno, ya estamos cayendo en autosabotajes y excusas. Es como decirte a ti mismo: “Ni te molestes en intentarlo”.

En realidad, cualquier cosa que no estemos acostumbrados a hacer, nos parece dificultosa. Por eso, el concepto de dificultad es relativo y subjetivo. Así, para mí es difícil la tabla de ejercicios que me pone el monitor del gimnasio y para él es difícil hablar de emociones.

Así, para que algo deje de parecernos difícil, sólo tenemos que intentarlo lo suficiente hasta que nos resulte asequible. Pero, aquí llega el segundo autosabotaje: el miedo al fracaso.

Excusas disfrazadas: Miedo al fracaso

Vivimos en una sociedad que reconoce los éxitos pero castiga con dureza los fracasos. Curiosamente, es casi imposible lograr el éxito sin haber fracasado antes varias veces. Si pensamos en una deportista o un bailarín, ¿cuántas veces repetirán su ejercicio antes de una competición?, ¿Cuántas veces se caerán y volverán a levantarse, tratando de mantener el ánimo intacto?

Cualquier objetivo que nos propongamos, requiere de nuestro esfuerzo, como te contaba aquí. Sería un buen ejercicio de honestidad respondernos a nosotros mismos si estamos dispuestos a realizar el esfuerzo necesario para lograrlo. En caso de que la respuesta sea negativa, es que el objetivo no es lo suficientemente estimulante y retador, o no es una prioridad en este momento en nuestra vida.

Y, aunque esto pueda sonarte raro, muchas veces nos marcamos objetivos porque es lo que toca, lo que hace todo el mundo o lo que se espera de nosotros. En fin, hacemos lo que se supone que deberíamos hacer y no lo que realmente queremos. Por ese motivo, no encontramos la motivación suficiente para poner en marcha el plan de acción que nos permita realizar el cambio y terminamos poniendo excusas que justifiquen nuestra falta de acción.

Igualmente, es muy importante que sea “tu momento”. Es posible que, en la actualidad, tu foco esté en otra parte, en algo más urgente o más importante que tu objetivo.

Fuerza de voluntad ilimitada

Con frecuencia, caemos en el error de pensar que nuestra energía y fuerza de voluntad son ilimitadas, pero no es así. Se trata de un capital, como tu sueldo. El día 1, tu empresa te ingresa la nómina, pongamos que son 1.000 euros. No dispones de mil euros para comida, otros mil para ropa y calzado, otros mil para ocio… No, tienes mil y hay que repartirlos para todas las necesidades y para todo el mes. Porque si gastas todo en la primera semana, no te quedará dinero para el resto del mes.

Con esta explicación que seguro entiendes, te resultará más comprensible que no tienes fuerza de voluntad para todo y debes dosificar tus esfuerzos. Lo que sucede es que nos han vendido la idea de que tenemos que poder siempre con todo. Seguro que alguna vez has podido “Tú puedes con eso y con más”. Ah, ¿y si resulta que no puedo? ¿o si no quiero poder?

Sobre todo, a las madres, se nos asocia con este rol de heroína infatigable que te aseguro que no tenemos por qué cumplir. Y sí, conseguir cosas requiere esfuerzo, pero no necesariamente sufrimiento. De hecho, si una situación o la consecución de un objetivo te hacen sufrir, deberías revisarlo.