Transforma tu vida por

10 €/mes

Saber más

Seguramente, habrás oído la expresión del niño interior y lo importante de recuperarlo y cuidarlo, pero eso, ¿cómo se hace?

El niño interior no es otra cosa que el niño que fuiste y que sigue vivo dentro de ti. Quizá no lo sepas pero, muchas veces, es el responsable de tus respuestas.

Tu niño lo ha pasado mal, tiene heridas desde la infancia y hoy, desde tu fortaleza de adulto, puedes recuperarlo y cuidarlo.

Para traer de vuelta a tu niño interior, sólo tienes que tratar de ser como eras de niño. Así que… piensa, ¿cómo eras y qué te gustaba hacer?

Curiosidad

Seguramente eras un pequeño curioso, que lo preguntaba todo y los mayores se reían de tus preguntas. Observabas ay prendías de todo, aunque no lo dijeses.

Tenías una actitud de aprendizaje y de curiosidad hacia todo lo que te rodeaba y hacia la vida en general.

Un niño pequeño quiere hacer las cosas él solo, que es la mejor forma de aprender. Lo intenta todo y las veces que haga falta hasta que le sale.

¿Y ahora? ¿Qué te despierta curiosidad? ¿Qué estás aprendiendo a hacer en los últimos meses?

Perdón

Estoy segura de que los enfados se te pasaban super rápido. El ego y el orgullo aún no se habían hecho fuertes en ti. Claro que te enfadabas, pero antes de 5 minutos podías estallar en carcajadas de nuevo.

Cuando mis hijos eran peques y discutíamos y el asunto se nos iba de las manos, alguna vez me giré, les di la espalda y empecé a mover el culo. Se morían de la risa cuando segundos antes estaban furiosos.

¿Y ahora? ¿Cómo gestionas tus enfados? ¿Te cuesta pedir perdón?

Entusiasmo

Quizá de pequeño desbordabas ilusión y entusiasmo. Pasear con un niño pequeño es pararse cada 3 pasos a observar el trabajo de una hormiga o el brillo del sol reflejado en un trocito de papel de aluminio.

Hace poco, en una de mis caminatas diarias, me paré a observar unas hormigas que trabajaban en equipo para llevarse el palo de un helado. Pensé cómo se sentirían al llegar al hormiguero y ver que el palo no cabía.

Lo grabé en vídeo y lo subí a Stories de instagram. ¿Sabes que fue una de las historias que más comentarios vuestros ha tenido?

Pregúntate si has perdido la capacidad de maravillarte con las cosas pequeñas de cada día. La vida está llena de milagros, si sabes verlos.

niño-interior

Amistad

Recuerdo de pequeña dirigirme a una niña que no conocía de nada y decirle ¿Nos hacemos amigas? La niña me respondió: “Vale”. Y comenzamos a jugar.

Cuando eres niño no necesitas más. Te permites mostrarte vulnerable, expresas tus emociones y deseos, pides lo que quieres sin miedo al rechazo. Y, lo mejor de todo, consigues lo que quieres.

El equivalente en los adultos sería acercarte a esa compañera que ha llegado nueva al trabajo y decirle: ¿Quieres que tomemos un café a la salida?

¿Qué nos impide hacer esto?

No juicio

Lo que creemos que los demás esperan de nosotros. Frases como: “No procede” , “Va a pensar que estoy loca” o “A ver si se cree que me gustan las mujeres”…

De niño no filtrabas así. Hacías lo que te apetecía. Siempre podías pedir disculpas si la otra persona no lo tomaba bien.

Tenías pensamientos básicos y funcionales “¿Cómo podría enfadarse, si sólo quiero jugar?” Algo así no cabe en la mente limpia de un niño. Los juicios llegan con la contaminación de las creencias de los adultos.

Muestras de afecto

¿Quién no se ha conmovido con un gesto de ternura de un niño? El otro día, una de mis alumnas que es profesora de niños, nos contaba emocionada que uno de sus alumnos le había llevado una galleta decorada desde su casa.

Imagina, el niño la aprecia y pensó en algo para regalarle. Para él esas galletas deben ser lo máximo, así que guardó una y la llevó con cuidado al colegio para que no se rompiese. Y se la regaló con la intención de quien regala lo más grande que tiene.

Para tener un detalle con una persona no necesitamos gastar dinero. Tengo una amiga que vive sola. Su vecina, a veces, cocina un poco más y le pasa comida en un tupper para que ella no tenga que cocinar al volver del trabajo. Eso es cuidar y no cuesta nada.

Un niño puede estar viendo la tele y se acurruca en tu regazo. O puede estar jugando en la otra punta de la casa y de repente viene corriendo a darte un abrazo y se vuelve a ir a la carrera para jugar.

Recuerdo que a mi madre le daba unos abrazos tan apretados que nos hacían daño a las dos. Pero quería hacerle saber cuánto la quería y no sabía hacerlo de un modo mejor. Así que eso hacía. Y estaba bien para las dos.

¿En qué momento perdimos la capacidad de demostrar y pedir afecto? Fácil, cuando dejamos perderse a nuestro niño interior.

niño-interior

Diversión

Un niño es feliz en un columpio, saltando sobre un charco, tirándose 25 veces por el tobogán o viendo cientos de veces la misma película, que se sabe el guión entero de memoria.

Simplemente, hace o repite aquello que le produce felicidad.

¿Cuánto hace que no te columpias? ¿O que no te montas en los autos de choque? ¿O que haces una guerra de almohadas, de cosquillas o echas un serio?

Cómo recuperar tu niño interior

La forma más fácil de recuperar tu niño interior es tener uno cerca y dejarse contagiar por él. Por eso los abuelos disfrutan tanto de sus nietos.

Les llegan a una edad en que les importa un pimiento lo que los demás piensen de ellos y además tienen una paciencia infinita. Tengo unas fotos preciosas de mi madre tirada por el suelo, mientras mis hijos la peinan jugando a peluqueros. O podían pasarse horas modelando con plastilina.

Si tienes niños cerca, sólo tienes que observarlos y tratar de imitarlos.

Si no, recuerda cómo eras. Ese niño sigue dentro de ti y lo puedes traer de vuelta siendo lo que eras y haciendo lo que hacías. Aquello que nunca debiste dejar de ser.

Porque la vida es más bonita y amable desde los ojos de un niño.

¡Suscribete!

Obten mi guía PNL gratuita de alimentación.