No ganamos para disgustos con la Real Academia de la Lengua. Y con Pérez-Reverte tampoco, no nos engañemos. Si eres de los que, como yo, disfrutamos cuidando el castellano, y no diste crédito cuando los académicos dieron por buenas palabras como: almóndiga, asín, descambiar, toballa, güisqui, cederrón, abracadabrante, papichulo, otubre, ño, conflictuar, albericoque, o murciégalo… más te vale ponerte la pastilla de nitroglicerina bajo la lengua, o eres carne de infarto.

Anoche, Arturo Pérez-Reverte abrió la caja de los truenos respondiendo en Twitter a una usuaria, donde reconoce que la RAE admite iros como como imperativo de la segunda persona del plural del verbo ir, porque, según parece, nadie usa la forma correcta: idos.

En el colegio de monjas aprendimos que el lema de la Real Academia Española, que se decidió en 1715, era “Limpia, fija y da esplendor”, que, aunque ahora asociaríamos con más facilidad al eslogan de un spray para limpiar el polvo, creo que identificaba perfectamente el cometido de la Academia. Además, dos años antes se había creado con el propósito de «fijar las voces y vocablos de la lengua castellana en su mayor propiedad, elegancia y pureza». Creo que no deja lugar a dudas de lo que se espera de ella.

Ante el ataque de los tuiteros, Pérez-Reverte, que tiene la pluma curtida de defenderse entre polémicas, argumenta que la RAE es notario de cómo hablamos, no policía:

Y yo ya empiezo a dudar, porque si su fin es preservar la pureza de nuestra lengua, quizá debería ser más policía y menos notario. Si ellos no protegen nuestro idioma de todas las desviaciones posibles, ¿quién lo hará? Entre anglicismos, vulgarismos, y variaciones propias de América latina, el castellano se está viendo claramente degradado.

¿Te imaginas que hiciésemos lo mismo con todas las normas? La DGT revisa el Código de la circulación y admite el semáforo en ámbar con el mismo significado del verde. “Total, no frena nadie en ámbar”, han alegado. El Ministro de Educación elimina los deberes en casa porque la mayoría de los alumnos no los lleva hechos a clase. La Agencia Tributaria elimina los impuestos tras confirmar que un alto índice de ciudadanos no cumple con sus obligaciones fiscales.

Y yo, desde mi visión de coach y predisposición al cambio, trato de abrir mi mente y entiendo que el castellano proviene del latín vulgar y que, si este no hubiese sufrido cambios, seguiríamos hablando con en la época de los romanos. Pero, visto el tinte que están tomando las nuevas acepciones, quizá preferiría usar grandis en vez de mazo o mogollón para referirme a algo grande. El caso es que este comunicado ha vuelto a dividir la opinión de los españoles, esta vez entre los defensores de la pureza del lenguaje y los que opinan que el idioma está vivo y debe adaptarse a los tiempos.

Tenemos valores en la vida que rigen nuestro comportamiento, guardarraíles en la carretera que evitan que nos salgamos de la calzada, leyes y normas que hacen posible la convivencia. Leyendo la noticia esta mañana, me acordaba de mi profesor de autoescuela, cuando me acompañaba en mis clases prácticas y yo le preguntaba si realmente hacía falta todo aquello. Él me respondió “Mi responsabilidad es enseñarte a conducir bien. A hacerlo mal ya aprenderás tú sola”. 29 años han pasado y todavía recuerdo aquella frase y alguna más suya. A veces no somos conscientes del impacto que tenemos en la vida de las personas que pasan por la nuestra.

En fin, que me voy del tema. Que sí, que yo espero que la RAE sea mi policía, mis guardarraíles y mi profesor de autoescuela todo junto, que haga posible que una lengua tan rica como el castellano se mantenga lo más pura posible. Y que, como han dicho algunos tuiteros, me siento decepcionada cuando se reconocen estos vulgarismos, aunque el propio Pérez-Reverte, con su ironía habitual, y la RAE se han encargado de respondernos:

Queda comprobado que nunca llueve a gusto de todos, pero hoy me quedo con el humor con el que gestionamos situaciones como estas. Una excelente herramienta que yo también acostumbro a utilizar.

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