Transforma tu vida por

10 €/mes

Saber más

«¡Ay Dios! ¡Ay Dios! ¡Voy a llegar tarde!» exclama frenético el Conejo Blanco de Alicia en el País de las Maravillas. ¿Cuántas veces al día repites tú expresiones parecidas?

Se nos pasan los días, la vida entera, sin tener tiempo para nada. Acabamos tantas frases con la coletilla “… pero no tengo tiempo” que nos lo hemos terminado creyendo. Hacemos todo deprisa, vamos corriendo a todas partes, el objetivo siempre es terminar pronto… ¿para qué? Para ocupar ese tiempo libre haciendo más cosas. Usamos la ocupación como una anestesia para no pensar, para no sentir.

Educamos en ese ritmo a nuestros hijos apuntándolos a muchas actividades extraescolares, nos esforzamos en ocuparles todo el tiempo para que no se aburran, matando en ellos cualquier atisbo de curiosidad o creatividad. Todo está programado, no hay espacio para la improvisación.

A algunos se nos ha educado bajo la máxima del “Vales tanto como produces” y nos sentimos como cigarras si nos tomamos un tiempo de descanso. Estamos enfrascados en una vida en la que todo el mundo corre y no hay tiempo para nada. Pero, ¿se puede nadar contra corriente? Por supuesto. Si te sientes asfixiado por la falta de tiempo, reivindica momentos para ti mismo. Unos pocos a lo largo del día serán suficientes:

De quien es tu tiempo

Autor de la imagen: @shotjp

  • Utiliza un atasco o el momento de meterte o salir del coche para relajarte cinco minutos. Echa la cabeza para atrás, cierra los ojos y concéntrate en tu respiración, haciéndola tan lenta y profunda como puedas. Si el ruido exterior te molesta, pon una música agradable.
  • Aprende a disfrutar de pequeños rituales con la comida, paladeando los sabores, o tomando una infusión. Utiliza vajilla bonita para servirte, como si fuese para un invitado, dedícate un momento para ti mismo. Mereces ese paréntesis, detén el mundo por un momento.
  • Si pasas por delante de un parque, anímate a sentarte un momento en un banco y mira a los perros correr por la hierba y a los niños jugando. ¿Cuándo fue la última vez que te sentaste en un banco porque sí, sin haber planeado ir al parque, sin compañía, por el simple placer de observar y detenerte?
  • Siéntate en el borde de una fuente y mete la mano en el agua, haz surcos, chapotea, disfruta del frescor, el sonido y el movimiento del agua.
  • Da un paseo mientras escuchas tu música favorita con unos auriculares. Aunque sea un trayecto que estés acostumbrado a hacer, verás como con música agradable lo percibes de un modo completamente diferente.
  • Una canción dura tres minutos de media. Regálate ese tiempo. Métete en tu habitación o en el coche, sube el volumen y baila o canta esa canción a pleno pulmón.
  • Deja de decir “No puedo, no tengo tiempo” porque no es verdad, y tú lo sabes. Tú tiempo es tuyo, sólo tú decides en qué quieres emplearlo.

¡Suscribete!

Obten mi guía PNL gratuita de alimentación.