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Ni plantas, ni animales

Te confieso que soy poco amiga de tener en casa plantas o animales que requieran mi presencia y cuidados constantes. Por eso ahora no tengo plantas ni perros. A pesar de que tuve dos casa con sendos jardines de 50 y 1.200 m2 y también 4 perros.

Las únicas plantas que tengo ahora son un poto pequeño que compré para poner una nota vegetal en el fondo de mis vídeos y una zamioculcas que ha demostrado ser la planta más resistente del mundo.

Si quieres una planta que no se muera a pesar de acordarte de regarla solo cuatro veces al año, la zamioculcas es tu planta. La mía creo que sobrevive por la compañía, ya que la tengo en mi mesa de despacho.

Mi historia con las plantas

Bien, el caso es que, tras vivir en un adosado, el que entonces era mi marido y yo nos decidimos a comprar un chalet individual con 1.200 m2 de terreno. Aunque mis incursiones en el mundo de la jardinería comenzaron 3 años antes, al tener parterres en el adosado y las ventanas cuajadas de gitanillas. Yo, que nunca había tenido ni un triste geranio, ¡Quién me iba a decir a mí que hasta las vecinas me pedirían consejo sobre sus plantas!

En aquella época me hice una fan de los foros de jardinería, donde compartía con personas de todo el mundo nuestra afición por cuidar de nuestros jardines.

Cuando voy a Francia a ver a mi hermana y mi cuñado, que viven en Burdeos, siempre me fascina la cultura paisajística de aquella zona. Todo el mundo cuida su jardín. Y las glorietas, rotondas y avenidas son una cascada de colores gracias a sus flores.

Me empeñé en cultivar en mi cuidad, Zaragoza, plantas que veía allí, como hortensias, agapantos, glicinas, árboles de Júpiter… y mi favorita, la buganvilla. No sé cuántas buganvillas he comprado y he visto morir en mis jardines.

¿Por qué? Porque cada planta necesita no solo unos cuidados especiales, sino un tipo de tierra ácido o alcalino, una orientación sol o sombra y un clima que le permita desarrollarse.

Por ejemplo, la hortensia necesita un suelo con Ph bajo. La buganvilla necesita pleno sol y no soporta las heladas. En fin, no te voy a hacer una guía botánica. Solo quería decirte que en Zaragoza tenemos un clima continental del demonio. Apenas existe el otoño o la primavera. Pasamos del frío polar, aderezado con un cierzo que sopla tan fuerte que corta la respiración, al calor más sofocante en verano. De hecho, se dice que quien se acostumbra al clima de Zaragoza puede vivir ya en cualquier parte del mundo.

Mi empeño en cultivar plantas no autóctonas

Y ahí estaba yo, como buena maña, empeñada en cultivar unas plantas que no eran apropiadas ni para el suelo, ni para el clima de mi zona.

Pero yo estaba empecinada en tener mi buganvilla en el jardín. O mi glicina.

Si mi cuñado tiene un jardín que enamora, yo también podía lograrlo. Y así me volvía de Burdeos con el maletero lleno de plantas cada vez que iba.

En ese foro de jardinería que te digo, estábamos un día hablando de adelfas. La adelfa es una planta que es imposible matarla en esta zona, es super resistente. Pero lo es porque aquí tiene todo lo necesario para desarrollarse.

En el foro había miembros de Latinoamérica que querían cultivarlas y les resultaba imposible. Adelfa que plantaban, adelfa que moría.

Un español puso una foto de la típica mediana de la autopista llena de adelfas en flor. Kilómetros y kilómetros de adelfas. Una mujer que no era de España y estaba empeñada en cultivar adelfas escribió: “Ahhhh, cómo se nota que las cuidan muchísimo, están espectaculares”. Todos los españoles reímos. El autor de la foto le aclaró que lo único que se hizo con esas adelfas fue plantarlas. Ellas crecen así a la intemperie y sin cuidado. Aquella mujer no salía de su asombro.

Bien, y tú llevarás unas líneas pensando para qué te cuento todo esto.

La técnica del modelado

Hay una estrategia muy usada en coaching que se llama modelado. Consiste en copiar, literalmente. El modelado dice que si alguien ha conseguido algo, tú también puedes. Solo hace falta observar su estrategia y conducta, y copiarlas. En psicología se conoce como aprendizaje vicario y hay refranes que aluden a la idea, como “Escarmentar en cabeza ajena” o “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”.

Dicen que si no obtienes los mismos resultados que esa persona, es que no lo estás haciendo igual que ella, que sigas analizando y copiando su estrategia.

Y sí, inspirarte en personas que ya han logrado lo que tú anhelas es fundamental. Sin duda, aprenderás mucho de ellas y serán un impulso en tu objetivo.

Siempre digo que el éxito es una mezcla de preparación y oportunidad. Y si algo es cierto es que las oportunidades no son las mismas para todos. Y cuanto antes entendamos esto, mejor.

Lo que sí puedo y lo que no

Yo puedo traerme plantas de Burdeos, tierra del jardín de mi cuñado y seguir los mismos cuidados que él aplica a su jardín. Pero no puedo cambiar el clima de Zaragoza. Y mis plantas no autóctonas seguirán muriendo bajo el sol abrasador, el cierzo y las heladas de mi zona. Porque no todo está bajo nuestro control, aunque Mr. Wonderful nos jure en sus tazas “Cree que puedes y podrás”.

Hay veces que sí que podemos lograr lo mismo que otras personas, aunque tengamos dificultades añadidas. Con el doble de esfuerzo. Tengo 2 proyectos profesionales propios y trabajo para una tercera empresa, tengo 51 años, dos hijos adolescentes y trastorno por déficit de atención. Y me saco medio curso del grado de Psicología por año. ¿Puedo conseguir lo mismo que muchos de mis compañeros de la UNED, que tienen 20 años y no hacen nada más que estudiar? Claro, pero con muchísimo más esfuerzo.

Si estás en conflicto con tu peso y partes de un fenotipo ahorrador y, con un poco de mala suerte, has machacado tu metabolismo haciendo decenas de dietas, ¿podrás bajar de peso? Seguramente, pero para ello tendrás que comer la mitad de lo que come una persona a dieta y hacer el doble de ejercicio.

Hay cosas que puedes cambiar y cosas que no. Y es nuestra responsabilidad aprender a vivir con ello.

Trata de cambiar lo que no puedas aceptar y aceptar lo que no puedas cambiar. Fue una máxima que transformó mi vida.

Y así dejé de matar buganvillas y glicinas.

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