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Deberías…

A la gente nunca le vas a parecer bien. Seas como seas. Hagas lo que hagas.

Si te sobra peso, te dirán que debes adelgazar. En cuanto hayas bajado unos kilos, te saldrán con el “No pierdas más, que te estás quedando hasta fea”.

Si no te echas novio, te preguntarán a qué esperas. Si te enamoras, no les gustará el elegido.

Y así siempre.

No intentes agradar a otros. Es una trampa.

Pero la frase del título se la dijeron en una tienda el otro día a mi hija, que acaba de cumplir 17 años.

Una chica que está en percentil 50 de peso y altura. No estará tan delgada, digo yo.

“Tienes que comer más, que estás muy delgada”

Yo no estaba con ella. Obviamente, me hubiese despachado a gusto con la señora. Pero como no pude, me desahogo aquí, que para eso tengo un blog.

Solo con esa frase podría escribirte dos libros. Pero voy a tratar de abreviar.

Tienes

“Tienes qué…”, “Deberías…”, “A ver si…”

¿Por qué, señora? ¿Porque lo dice usted? ¿Cuántas creencias limitantes esconde esa afirmación?

Usted, que es de la generación que aseguraba que donde hay gordura, hay hermosura. Que decían que las embarazadas debían comer por dos. Que parían hijos de más de 5 kilos, que yo a mi madre casi le salgo con el moño de la Primera comunión hecho y todo.

Usted, que habrá obligado a sus hijos a comer todo lo del plato, que les habrá dicho que no se puede tirar comida, que habrá utilizado los postres para premiarlos o para castigarlos privándoles de ellos cuando no se terminan todo lo del plato.

¿De verdad se cree con autoridad moral para decirle a una chica en normopeso que tiene que comer más?

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Estás muy delgada

¿Ah, sí? Pues yo la veo estupenda. Y no es porque sea mi hija. O sí. Pero estando en percentil 50 de peso y altura y viendo lo que come en casa, le aseguro que no me quita el sueño.

Tiene unas piernas robustas, mucho pecho y un culo Kardashian. Y esos atributos se combinan con una figura menuda en su conjunto. Cintura y brazos finos, poco contorno de tórax… Perfecta. Simplemente perfecta.

Y no porque su cuerpo resulte normativo en conjunto. Tampoco porque la báscula del médico diga que está en normopeso. Perfecta porque ella es así y así está bien. Porque ella se gusta y nos gusta a todos los que la amamos. Y eso es suficiente. Una chica de 17 años no necesita más. Ni comer más, ni pesar más, ni desfilar en la pasarela Cibeles. Solo necesita estar bien. Y mi hija lo está.

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La dueña de la tienda

Pero lo mejor viene cuando la dueña de la tienda, que conoce a mi hija, trata de justificarla ante la señora: “No es su culpa, es que su metabolismo es así”.

¿Su culpa? ¿SU-CUL-PA?

Aunque mi hija comiese poquísimo, que no es así, NO SERÍA SU CULPA.

Aunque comiese poquísimo por el deseo de adelgazar, NO SERÍA SU CULPA.

Mis hijos tienen la suerte de disfrutar de un sistema de regulación que yo no he tenido nunca, ni de niña: La saciedad.

Ninguno de los dos puede comer sin hambre. Les puedes ofrecer la cosa más apetitosa del mundo, que la rechazarán con un “Ahora no tengo hambre” si no sienten la necesidad de comer.

No pueden comer sin hambre. Literal.
¿Y eso se supone que está mal?

Somos muy pesados, pero que muy pesados, opinando sobre los demás. A ver si aprendemos a guardarnos opiniones que no nos han pedido.

Las personas son como son, no como nos gustaría que fuesen.

Y tú, no intentes agradar a los demás. Es una trampa.

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