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El otro día te conté que necesitaba hacer introspección. Que necesitaba aislarme durante un día al menos del ruido diario, de las preocupaciones del día a día. Para reconectarme conmigo misma, para escucharme. Estoy convencida de que tenemos un maestro interior, una intuición muy potente, pero no le hacemos caso.

Eliminar el ruido de fondo

Funciona igual que cuando estás hablando con otra persona. Tenéis una conversación pero hay mucho ruido de fondo. Ese ruido distorsiona la conversación y te impide escucharla con claridad. Y creo que nuestra comunicación interna funciona exactamente igual. Cuando estamos distraídos, con muchos estímulos, y hay mucho ruido que enturbia esa conversación, no podemos escucharnos a nosotros mismos.

El único día que había podido bloquear en mi agenda había previsión de lluvias en toda España. Vivo en Zaragoza. Me daba igual tirar hacia Huesca, Teruel, Soria o la playa… Lluvia por todas partes. Así que había pensado irme a la biblioteca más bonita de mi ciudad a pasar allí el día, en silencio, escuchándome y trabajando, cuaderno y boli en mano.

Pero cuando me desperté aquel martes, me encontré con la sorpresa de que había desaparecido la previsión de lluvia. El tiempo seguía inestable pero merecía la pena arriesgarse. Así que me fui a un sitio muy especial, donde ya había estado, que es el templo budista de Panillo, Huesca. Es un sitio con una energía especial, sin lugar a dudas.

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La introspección empieza donde quieres que empiece

Son 2 horas de camino. Quizá pienses que debería haber elegido un sitio más cerca, siendo que fui solo a pasar el día, para no pasar tanto rato conduciendo. Pero es que me encanta conducir y como últimamente cojo muy poco el coche, me supone hacer algo diferente a lo habitual. Así que esas dos horas de viaje ya formaron parte del proceso y de que sea un día diferente.

Al llegar a Panillo me encontré una excursión de escolares. Imposible concentrarse con ellos allí. Así que fue un buen momento para trabajarme la paciencia hasta que se fueron y aproveché ese rato para hacer fotos.

Encontré un sitio precioso en un banco, bajo un árbol lleno de flores rosas y ahí me senté con mi cuaderno a escribir. A las 13:30 cierran los espacios cerrados pero pedí permiso para quedarme en la zona exterior y no me pusieron pegas. Así que estuve completamente sola en un entorno privilegiado.

El poder de la escritura terapéutica

Escribí un montón de cosas que necesitaba sacar de dentro. Escribir es un ejercicio muy potente, no me cansaré de decirlo.

Llevaba apuntados en una aplicación del móvil algunos de los temas sobre los que necesitaba reflexionar. Como gasté mucha batería del móvil haciendo fotos, tuve que meterme en el coche a seguir escribiendo, mientras se recargaba el teléfono con la toma del mechero.

Al final da igual si haces introspección dentro de tu coche en el garaje de casa (pon modo avión en el móvil), que vayas a la biblioteca o que te cojas unos días y te vayas fuera de tu ciudad. Lo importante es que rompas con el ruido y las distracciones diarias y la rutina. En el momento en que sales, tu mente ya resetea.

Al final el camino fueron más de dos horas de viaje porque estaban de obras en la carretera. Hubo tramos en los que fui mucho tiempo conduciendo en silencio, sin música. Me gusta mucho conducir así. También hubo tramos de ir con la música a tope, cantando a grito pelado el “Mil campanas” de Alaska.

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Todo es una oportunidad de crecimiento

Si estás dispuesta a trabajarte a nivel interno, todo es una oportunidad de crecimiento. Por ejemplo, las obras son una oportunidad para trabajarte la paciencia.

Hay muchos tramos en esta carretera que están limitados a 80 o 60 km/h. Pero, además, tramos en los que ni siquiera hace falta ir a esa velocidad. Tras haber pagado unas cuantas multas por exceso de velocidad, soy bastante respetuosa con la normativa. Aunque lo cierto es que la mayoría de conductores no respetan estos límites de velocidad tan bajos. Con lo cual, a veces, hago caravana.

Y tengo que trabajarme esos pensamientos automáticos del tipo “Van a pensar que soy tonta porque llevo 10 coches detrás” o “Cuando me adelanten pensarán que mujer tenía que ser”. Curiosamnete, tengo que trabajarme todos esos pensamientos cuando voy a la velocidad máxima permitida.

Es decir, soy yo la persona que está haciendo las cosas correctamente. Pero cuando el entorno se comporta de un modo diferente, cuando los demás lo hacen de un modo distinto a ti, tú te cuestionas tu propia conducta. Y esto no solamente ocurre con la conducción, sino que ocurre con muchas cosas en la vida.

Al final, en cada situación ves una oportunidad de crecimiento, un reflejo de lo que necesitas trabajar en tu vida.

La vida te va poniendo delante situaciones para que trabajes, sólo hace falta que estés dispuesto y abierto a aprender.

Trabajo constantemente sobre las partes de mí que no me gustan. Pero también soy una persona y hay ocasiones en las que no me apetece gestionar nada y pienso “Ni coaching, ni leches”. Y, si tengo que gritar, grito. Y está bien que sea así.

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El truco está en escribir sin filtros ni juicios

Después de escribir 20 páginas de mi cuaderno con mis reflexiones me fui a comer a Graus, el pueblo de al lado. Eran casi las 4 de la tarde y tenía mucha hambre.

Creo que el truco está en escribir sin poner filtro a nada de lo que brota, no cortar con juicios. No importa si se van mezclando los temas. Yo intenté poner un poco de orden por encima y agrupar temas, pero iba alternando entre ellos, según me surgían los pensamientos.

Considero muy importante no cortar ese flujo de información. Cuando estás aislado de estímulos y distracciones y pones el foco en escribir y volcar reflexiones, es increíble la cantidad de información que te viene.

Resulta como si una voz interior te hablase y tú solo tienes que copiar, copiar, copiar… Es lo que yo hago y la sensación que tengo. Y esa voz que escucho es lo que yo llamo mi maestra interior, es mi intuición, mi esencia, mi alma, mi energía… Llámalo como quieras.

Es esa parte de mí que es algo más que mi cuerpo. Y muchas veces me desconecto de ella con las prisas, con las preocupaciones y el ruido diario.

Creo que todo lo que necesito saber lo sé ya. Está dentro de mí. Solamente tengo que escucharle y dejar que salga. Así que cuando esa voz empieza a hablar, yo solo escribo.

Cerrando el ejercicio

Y luego ordeno, clarifico ideas y hago un resumen final. ¿A qué punto me lleva esto? ¿Qué estoy necesitando en este momento? ¿Qué hago con este montón de información que ha salido?

Con todo esto concreto y establezco un plan de acción. Bien, ¿qué voy a hacer de aquí en adelante para resolver esta situación que me preocupa? ¿Qué hago con todas estas tomas de conciencia? ¿Qué hago con estas 20 páginas escritas?

Estuve horas y horas sin parar de escribir. Escribía sobre un tema y antes de cerrarlo ya me venía a la mente otra situación sobre la que escribir. Es increíble cuando damos paso a esa intuición, a esa voz interior, a nuestra alma… Es que tenemos tanta información dentro…

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Vivimos muchas experiencias que quedan registradas de forma inconsciente  y las pasamos por alto con las prisas diarias. No somos conscientes de la cantidad de información que almacenamos.

Te animo de todo corazón a que hagas una pausa de vez en cuando e invites a salir toda esa información porque es reveladora.

No me canso de hablar de los beneficios de la escritura terapéutica. A mis alumnas les digo siempre que escriban, que yo sé que da pereza, pero es que no tiene nada que ver con pensar. Nada que ver.

El final del día de introspección

De vuelta a Zaragoza entré a visitar un santuario. Llegué a casa agotada física y mentalmente. Fue como haber estado durante horas en un curso intensivo de desarrollo personal o haciendo terapia con un profesional.

Me invitaron a salir a tomar algo pero no quise. Aunque el trabajo de escritura lo hice en Panillo, necesitaba seguir en calma y silencio. Removí muchas cosas y necesitaba que se posasen.

Quizá una persona más extrovertida daría el ciclo por cerrado y podría ponerse con otra actividad. Pero yo me sentía al 20% de mi energía y con la sensación de haber abierto algo que todavía no había podido cerrar. Quizá solo necesitaba dormir.

Esto es lo que hago en un día de introspección. Ojalá te sirva.

Te cuento un poco más sobre este día en este artículo.

Día de introspección en el centro budista de Panillo
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