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Ayer estuve viendo la película Coco en el cine. Me uno a las decenas de personas que me recomendaron verla: Es espectacular. Vamos a revisarla, vista desde la óptica del coaching, para ver qué podemos aprender de ella. Y lee tranquilo, que no es un spoiler.

Un aspecto que se revisa en todo proceso de coaching son las creencias. Una creencia es esa afirmación que damos por cierta sin poder comprobar que lo sea. Podemos adquirirlas por enseñanza o por experiencia, algunas las arrastramos desde la infancia. Al final, da igual si una creencia es verdadera o falsa, lo que importa es si te está perjudicando. No sustituiremos la creencia de un hombre que asegura que las mujeres conducen mal, si esto no tiene consecuencias negativas. Es decir, si no es una creencia limitante.

En Coco aparece la creencia de que la música es mala y trajo la desgracia a la familia. Mamá Imelda desarrolló esa creencia al ser abandonada por su marido. Este se fue a recorrer el mundo buscando éxito con su guitarra. A pesar de que Imelda amaba la música, desde aquel día comenzó a odiarla.

©Disney Pixar

A su tataranieto Miguel, esta creencia le llega por educación. Se transmite de generación en generación, haciendo que todos los miembros de la familia odien la música. ¡Incluso está prohibido escucharla!

Es habitual que desarrollemos sentimientos o perpetuemos creencias por transmisión familiar. Nos cuentan que la abuela Fulanita era mala y nos sentimos fatal cuando nos dicen que tenemos su genio. Juzgamos a una persona por el criterio de otra, sin poder comprobar si lo que nos han contado es cierto.

Pero, volvamos a “Coco”. Si la familia es un valor fundamental en casi todas las comunidades, en la cultura mexicana lo es mucho más. En la película se destaca continuamente la unidad familiar como sistema. También la protección de los miembros más fuertes hacia los más débiles: En el nivel más alto, como la abuela Coco, o bajo de la jerarquía, como los niños. Es el orden lógico y saludable del que habla el coaching sistémico. En este caso, el sistema permanece aún después de la muerte. Los familiares elaboran un ritual y ayudan a que los difuntos puedan venir a visitarles una vez al año y reunirse todos en el Día de muertos.

©Disney Pixar, Coco

Honrar las tradiciones y valores familiares es necesario dentro del sistema. Se debe obediencia a los miembros más altos y sabios de la jerarquía: la abuelita, en este caso. Los valores son características positivas de gran importancia que nos ayudan a ser mejores individual y socialmente. Y también se transmiten, por eso Miguel entra en conflicto continuamente entre entregarse a su propósito en la vida, que es ser músico, o ser fiel al valor de obediencia que debe a su familia, que mantiene la creencia de que la música sólo trae desgracias.

El pequeño se encuentra en una difícil tesitura: Las creencias y valores son como los pilares que sustentan nuestra casa, son los cimientos. Y, si algo los cuestiona, nuestra estructura se tambalea. Pero Miguel ha encontrado el sentido a su vida en la música. Él siente algo especial muy dentro de sí mismo y no entiende por qué no puede ser fiel a su familia y realizarse personalmente al mismo tiempo.

©Disney Pixar, Coco

Miguel hace entender a su tatarabuela, Mamá Imelda, la tristeza y frustración que le produce esta situación. Se siente castrado por esa creencia familiar que, curiosamente, surgió con la intención de proteger a la familia y que fuese más feliz.

Por eso, es importante revisar nuestro sistema de valores y creencias periódicamente. Porque, lo que en un tiempo nos sirvió, ahora puede suponer un lastre del que conviene desprenderse.

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