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Aceptarse o resignarse con kilos de más. Esta fue una cuestión que puso sobre la mesa el otro día una de mis alumnas en nuestro grupo secreto de Facebook.

Es un espacio único de crecimiento porque no sólo compartimos los éxitos, sino también las dudas, los miedos… Y una de las mayores dificultades de mi curso online de 8 semanas es sacar a las personas de la obsesión por adelgazar a toda costa.

La pregunta que hizo, concretamente, fue: ¿Os conformaríais con ser una gordita que hace ejercicio y está ágil y bien nutrida y tiene una vida que le guste? ¿O el tema de estar delgadas y veros guapas realmente también es un objetivo muy importante que deseamos alcanzar?

Aceptación, no resignación

Yo le respondí que me siento conforme pero no resignada. Para mí, esta última sería la palabra fea.

Entiendo la aceptación como el proceso de cambiar lo que no te gusta (de tu cuerpo, de tu vida, de tu personalidad). Y entender que no podrás cambiarlo todo, ni necesitas ser perfecta, ni gustar a todo el mundo.

Siempre digo que trabajamos en dos vías: Cambiando lo que podemos mejorar y aceptando lo que no.

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©TeroVesalainen by Pixabay

¿Todos los cuerpos son bellos?

Veo muchas publicaciones de mujeres con obesidad mórbida con frases que aseguran que todos los cuerpos son bellos.

Honestamente, a nivel estético me parece mucho más bonito un cuerpo en peso sano. Decir otra cosa, en mi caso, sería mentira. Pero sobre gustos no hay nada escrito.

Pero fíjate que hablo sólo a nivel estético. Es curioso, por ejemplo, que me parezca más bonito un cuerpo de sin exceso de peso, pero que sin embargo me resulten muchísimo más sexys y deseables los hombres con kilos de más.

¿Y si hablamos de un coche?

Te voy a poner un ejemplo con el que creo que te voy a dejar muy clara mi postura. Voy a comparar mi cuerpo con mi coche.

Estéticamente, me gustaría tener un cuerpo más delgado que el mío. Del mismo modo que preferiría tener un BMW en vez de un Peugeot 307 de 15 años, que es el coche que tengo.

¿Podría tener un BMW? Por supuesto. Con mucho más esfuerzo que otras personas, pero podría lograrlo.

¿Estoy dispuesta a hacer la inversión que necesito para tener un BMW? ¿Sería más feliz? La respuesta hoy es no. Mañana puede ser otra, ¿eh? Pero hoy es no.

¿Eso hará que desprecie mi 307? No, amo mi coche. Para mí simboliza libertad y me lleva a todas partes, exactamente igual que lo haría un BMW.

Lo cuido, lo llevo a pasar todas las revisiones aunque ahora apenas lo uso… Pues mi cuerpo exactamente igual.

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©Pexels by Pixabay

La relación con mi cuerpo

¿Me parece bonito mi cuerpo? Sinceramente no, pero no por ello lo desprecio. Al igual que puedo enamorarme de un hombre que no sea guapo, o que haya aspectos de su personalidad que no me gustan. Eso es aceptación, hablemos de una pareja, de un coche o de nuestro cuerpo.

Para mí, quererme no es mirarme al espejo y decirme “¡Pero qué rica estás, Yolanda, tía buena!” en plan madrastra de Blancanieves, cuando no me lo creo ni yo.

Quererme es decir: “Ya que esta barriguita no está muy allá, vamos a comprar una lencería chula que ayude a verme más bonita”.

Es como cuando un día amaneces con una cara horrible, no te empeñas en decirte al espejo que estás preciosa, te pones maquillaje, ¿no?

A mí no me frustra no bajar de peso. Y no conducir un BMW tampoco. Creo que esa es la gran diferencia.

Nuestros objetivos vienen definidos por nuestras prioridades y valores

Entiendo perfectamente que haya muchas personas que no puedan comprenderlo. Por ejemplo, puede sorprender que dedicándome al desarrollo personal y ayudando a mis clientes y alumnas a cumplir sus objetivos, yo esté gorda.

La persona que se cuestiona esto es obvio que, para ella, estar delgado es un valor. Bien sea estético, de salud o del tipo que sea. Y me parece perfecto.

A mí, por ejemplo, también me sorprende ver mujeres sin depilar porque para mí la depilación entra dentro del pack higiene-respeto-bienestar. Pero es obvio que para ellas no. Y todo está bien. Cada cual persigue los objetivos que cree oportunos, en coherencia con sus valores y creencias.

Yo, por el momento, he preferido centrarme en otro tipo de objetivos. Y necesito mi capital de energía y fuerza de voluntad para conseguirlos.

Si estar delgada fuese algo tan importante en mi vida que me impidiese ser feliz si no lo logro, es obvio que sería mi objetivo prioritario.

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©Pexels by Pixabay

La felicidad asociada a la delgadez

En este aspecto he conocido mujeres de ambas posturas: Unas aseguran que fueron más felices cuando estuvieron delgadas. Y otras, entre las que me encuentro, que, no solamente no fuimos más felices, sino que ahora, con nuestros kilos de más, nos sentimos mejor que nunca.

Creo que es importante el recuerdo que tenemos asociado a periodos de delgadez. Pero también sería interesante revisar si esa felicidad que recordamos fue real o está idealizada. O si la felicidad nos la proveía otro aspecto de nuestra vida: Si entonces teníamos pareja, nuestros hijos eran pequeños y los disfrutábamos más, teníamos un trabajo que nos gustaba…

No digo que deba ser así necesariamente, pero creo que merece la pena dejarlo en el aire como reflexión final.

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