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Muchas veces hacemos resistencia al cambio, ¡qué cosa más absurda si lo piensas! Estamos en constante cambio, queramos o no. Así que, puestos a cambiar, ¿por qué no asumir las riendas de ese cambio, por qué no cambiar en la dirección que nosotros elegimos y no dejarnos llevar por la corriente? Si te ves obligado a viajar, ¿no preferirías elegir tu destino?

Mis clientes, a menudo, me dicen “Yolanda, cuando acabo de trabajar sobre las cosas que me preocupaban, salen otras” “Claro, -les digo yo- la diferencia es que las piedras de nuestro camino cada vez son más pequeñas y nosotros somos más fuertes y tenemos más herramientas” Es una progresión lógica. Una mujer que se hizo un aumento de pecho acudió de nuevo a su cirujano estético para que le inyectase botox en los labios, este, muy ético, la remitió al psicólogo. El terapeuta le hizo entender que hay cosas de ella misma que debía aceptar. Mientras le preocupaba el escaso tamaño de su pecho no había reparado en lo finos que eran sus labios, pero si les inyecta botox pasará a ver otro defecto de su cuerpo que antes había pasado por alto. Buscar la perfección en lo físico, sin trabajar lo mental y emocional, no lleva a ninguna parte, ya que no son cambios sostenibles. Y hay que saber distinguir entre mejorar y dejarse la vida persiguiendo una perfección inalcanzable.

Tengo un grupo de whatsapp con mis clientes, con los que me gusta compartir a veces, parte de mi proceso evolutivo que no comparto en mis redes sociales. Me gusta que tengan constancia de que, a pesar de haber superado hace más de año y medio mi problema con la comida y encontrarme en un momento muy bueno, sigo trabajando y que, además, lo hago con las mismas herramientas que les proporciono a ellos.

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Cuaderno de scrap que me regaló mi amiga Sonia, hecho por ella misma, que ya he empezado a utilizar. ¡Y mi boli de princesa!

Ayer estuve trabajando para sustituir una creencia limitante que tengo identificada desde hace tiempo, por otra más adaptativa que me empodere y me ayude a conseguir mi propósito. Sentarnos a escribir, ya de por sí, es un ejercicio muy poderoso. A veces nos resistimos a hacerlo y reconozco que da pereza. Nos cuestionamos la utilidad “Bah, a esto yo ya le he dado miles de vueltas en mi cabeza y lo tengo clarísimo” Sí, es probable, pero también es muy probable que si te sientas con calma a escribir y te vacías sobre ese papel, averigües mucho más sobre ti mismo y sobre la situación que estás abordando. Y el hilo que estaba hecho una maraña se va enroscando de forma ordenada en el carrete. Si a esto le sumas las preguntas adecuadas, las que te hará tu coach en caso de estar trabajando con uno y, si no es así, te animo a practicar una tormenta de preguntas del tipo ¿Cual es la finalidad de esta situación? ¿Para qué está en mi vida? ¿Qué aprendizaje puedo obtener? ¿Qué consecuencias saco? ¿Cómo ha cambiado mi vida desde que esto sucede? ¿Cómo sería yo y cómo estaría mi vida si esto deja de suceder? ¿Qué puedo hacer? Si no dispongo de medios ¿a quién se los puedo pedir?

Al igual que nuestro cuerpo cambia y crece, también nuestros planos emocionales y mentales hacen lo mismo si trabajamos en ellos. Hay gente que pasa la vida atrapada en patrones erróneos que le producen sufrimiento, pero no son capaces de ver dónde está su camino. Podemos dejar que las circunstancias de la vida nos moldeen en negativo, o sacar el aprendizaje positivo que cada experiencia contiene y evolucionar hacia un estado sereno que nos haga la vida más fácil. Aprender de nuestros errores nos da mucha información sobre nosotros mismos y sobre el sistema, y esta valiosísima información la desaprovechamos a menudo, lo que nos lleva a repetir reacciones que nos conducen directamente al fracaso. Es lo que se llama S.I.R. en coaching estratégico: Solución Intentada Redundante, es decir, respuestas que sabes de antemano que no funcionan las vuelves a aplicar, una y otra vez, ante el mismo estímulo.

Te animo a seguir creciendo, controlando ese desarrollo y eligiendo cual es tu camino. Te aseguro que lo que vas a ir encontrando no tiene precio.